martes, 30 de junio de 2009

Las imprentas madrileñas en la publicidad cinematográfica

Los carteles publicitarios en general, son herramientas de comunicación utilizadas por las empresas para sus actividades comerciales. El cartel de cine nació con la llegada de los primeros largometrajes hacia el año 1910 y tuvo su esplendor a finales del siglo pasado.

Es a partir de los años veinte del siglo pasado cuando se empieza a formar y desarrollar las distintas formas del cartel cinematográfico: el afiche, el programa de mano, la guía publicitaria, el folleto, los clichés de prensa, las fotografías encartonadas y los fotogramas.

El afiche es el cartel de propaganda cinematográfica por excelencia, tiene un metro de alto por setenta centímetros de ancho aproximadamente y se colocaban en las fachadas de los cines.

El programa de mano es el más popular de los medios publicitarios cinematográficos, por estar destinado a ser repartido por los exhibidores entre sus clientes y el público en general que asistían a las salas de cine a la entrada o salida de las proyecciones e incluso en las taquillas en el momento de sacar las entradas. También era frecuente aprovechar los lugares de aglomeración de gente – salida de otros espectáculos, de misa, etc. – para colocar en los alrededores repartidores de esos programas de mano, que estaban impresos por la parte posterior a la imagen publicitaria de la película con información sobre el local, horarios, días de las proyecciones y precio de las localidades. Grandes publicistas y dibujantes fueron en España Mac, Jano, Soligó,etc.


La guía ofrecía toda la información que las distribuidoras de películas suministraban y ofrecían a sus clientes.

El folleto es un complemento publicitario que las distribuidoras ofrecían a sus clientes y que con el tiempo ha ido sustituyendo a las guías.

El cliché de prensa era el destinado a ser difundido mediante impresión en diarios, revistas y periódicos.


Los fotogramas acartonados se colocaban por las empresas exhibidoras en sus carteleras, se trataban de reproducciones fotográficas de fotogramas de la película que las distribuidoras ofrecían a los empresarios del cine. Hasta mediados de los setentas estos fotogramas reproducidos en papel se pegaban sobre un soporte de cartón que una vez terminada las proyecciones de la película debían ser devueltos. Actualmente se han sustituido por reproducciones fotográficas en papel.

Las productoras y distribuidoras cinematográficas, conscientes de ello, han utilizado siempre el cartel y los programas de mano como dos de los elementos fundamentales en el lanzamiento comercial y difusión de sus producciones.

La publicidad cinematográfica se realizaba principalmente en imprentas y litografías de las siguientes ciudades: Barcelona, Madrid y Valencia.

En Madrid, repasando la colección que dispongo de programas de mano de los años 30 a los 70, he podido localizar entre otras las siguientes empresas:

-Imprenta Meregraf C/ Esteban Collantes, 4 (dedicada a la impresión de entradas de cine)



-Altamira
-Rumbo
-EDICOLOR S.A. C/ Divino Vallés, 34


-Velasco
-KARMAT S.L.


Programa de Mano impreso en Karmat y Aldus

-ALDUS S.A. C/ Castelló, 120


-Talleres Gráficos Juan Torroba C/ Germán Pérez Carrasco, 24



-Rivadeneyra S.A.
-Susaeta S.A.
-Marases
-GEPSA C/ Coslada, 31
-Gráficas RIOVEL
-Mateu- Cromo


-SUMA
-SMAR S.L. C/ Vinaroz, 23
-ALPE C/ Silva, 30
-RUAN
-Prensa Gráfica S.A. C/ Hermosilla, 73.

Por último quiero añadir algunos programas de mano en los que aparecen reseñada Madrid.




Autor: Angel Caldito.
En el blog colaboran también José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

Fuentes: BNE, Google, QDQ y Colección privada de programas de mano.

domingo, 14 de junio de 2009

Paso del cine mudo al sonoro en España. Sistema de sonido Laffón-Selgás. (3ª parte).

Las dificultades que tiene la industria cinematográfica española en el paso del mudo al sonoro se puede comprobar en El misterio de la Puerta del Sol (1928) de Francisco Elías, película que busca sorprender con los ruidos ambientales y diálogos ingeniosos, aunque todavía contiene muchas partes mudas en las que diversos rótulos van explicando los diálogos. La falta de medios técnicos y de equipos de rodaje sonoros, obligan a algunos directores como Benito Perojo a marchar a París o Berlín para rodar en aquellos estudios películas como El embrujo de Sevilla (1930) o La bodega (1930).

El cine sonoro español anterior a 1932 era nulo por las condiciones de sus instalaciones, por lo que se plantearon tres posibilidades de producir cine sonoro español.

La primera era realizar películas españolas en estudios europeos que dispusieran de dichos equipos sonoros. Una película española, considerada como la primera película española totalmente sonora y hablada fue La canción del día (1930), la dirigió G. B. Samuelson en Londres, y también hubo otros como José María Castellví que dirigió Cinópolis (1930) en París. Hasta que en 1932 se fundaran en Barcelona los Estudios Orphea y posteriormente los Estudios CEA y Ballesteros, el cine sonoro español dependía del exterior para sus rodajes con sonido.


De izq. a drch. Pedro Pérez Fernández, el maestro Jacinto Guerrero, el realizador inglés de la película Samuelson y Pedro Muñoz Seca.

La segunda era sonorizar las películas mudas españolas en los estudios europeos. Una de ésas películas era La aldea maldita (1929).

Escena de La aldea maldita (1929).

La tercera posibilidad era la incorporación de actores y técnicos españoles a las películas que empezaron a rodar empresas norteamericanas tanto en Estados Unidos como la Paramount en Joinville (Paris).

Equipo del film Las luces de Buenos Aires.

A estas dificultades de producción se deben añadir las que surgen en el sector de exhibición, en donde los múltiples sistemas de proyección que comienzan a llegar a España, que básicamente eran dos:

Sistema de grabación en disco. Como por ejemplo fue el Sistema Vitaphone, con el que se rodó la primera película hablada El cantor de jazz (1927).


Sistema de grabación óptico o en la película. Que fue la que se consolidó y desplazó al Sistema de grabación en disco.

Estos sistemas dificultaban en gran medida la implantación de una programación sonora continuada, además de obligar a los operadores de cabina a dominar los nuevos proyectores. Salvo algunos empresarios con más medios, la inmensa mayoría de las salas españolas se ven obligadas a proyectar cine mudo durante varios años. El cine sonoro, las películas habladas en español que producen los estudios de las grandes productoras en Hollywood y París, van encontrando cabida en las salas de las grandes ciudades. Tanto las versiones originales en español, como las películas subtituladas se difunden por las pantallas españolas hasta mediados de los años treinta.

Una de éstas patentes españolas fue el Sistema de sonido Laffón-Selgás, que se implantaría con éxito en la producción española. Fue inventado por los ingenieros Alberto Laffón Soto y Ezequiel de Selgás.



Como consecuencia de la implantación del cine sonoro, diversos sectores profesionales españoles se ven afectados por la revolución tecnológica que se está produciendo. Por un lado los directores deben adaptarse a la grabación del sonido, que depende de unos ingenieros que se convierten en los principales protagonistas del Estudio. Los actores son los que más sufren el nuevo invento, pues muchos deben abandonar la profesión debido a que su voz no es la más apropiada para la pantalla. Por último, las orquestas y pianistas que trabajaban en las importantes salas de las grandes ciudades ven cómo pierden su empleo al no tener que acompañar musicalmente las imágenes, pues éstas ya tienen sonidos, música y diálogos.


Una vez consolidados los primeros estudios sonoros en España, los Orphea Film de Barcelona, en Madrid también se levantaron nuevos estudios e infraestructuras (los estudios de rodaje CEA, ECESA, Ballesteros, etc., y otros de montaje, doblaje, además de diversas empresas de servicios y auxiliares) que permitieron que la producción fuera constante y amplia por parte de una serie de productores en el cine español.


Autor: Angel Caldito.
En este blog también colaboran: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

Fuentes: BNE, Historia del cine español.

miércoles, 3 de junio de 2009

Catálogo del cine español. Films de ficción: 1931-1940


Juan B. Heinink, natural de Bilbao, a partir de 1985 ha publicado diversos libros y artículos sobre Historia del Cine.

Entre algunos de los libros se pueden mencionar: Cita en Hollywood: Antología de las películas norteamericanas habladas en español y el de reciente publicación Catálogo del cine español. Films de ficción: 1931-1940.

Esta es la pequeña entrevista que amablemente nos ha concedido:

- ¿Cómo llega a tus manos el proyecto de hacer el Catálogo 1931-40?
- En buen número de países europeos y americanos se habían confeccionado o se preparaban catálogos de su respectiva producción cinematográfica. A comienzos de los '90 no se había hecho nada de esto en España y un grupo de profesores universitarios propusieron al Ministerio de Educación ocuparse en llevarlo a cabo. Se repartieron entre ellos volúmenes correspondientes a cada década, excepto los años '30 (1931-1940) que no los quería nadie. Yo había publicado recientemente CITA EN HOLLYWOOD (1991) y pedí que me dejaran investigar este período. Comencé con mucho ímpetu, pero luego me quedé colgado. Es un trabajo muy duro.

- ¿Cómo afrontas el trabajo de investigación?
- Normalmente, casi nadie se propone investigar la historia del cine aplicando la metodología que todo historiador de carrera y con sentido común debe utilizar para documentar cualquier hecho histórico. Así salen libros y libros de historiografía que no son más que una acumulación de cotilleos y de datos que se copian unos a otros sin detenerse a confirmarlos. Para mí, nada existe, ningún dato es correcto si no hay o no quedan pruebas que lo confirmen. El catálogo de los años '30 parte de cero, sólo está basado en documentos originales. Nada de lo que añaden otros autores sin aportar pruebas ha entrado en el catálogo, y si algo se ha incorporado ha sido en notas y comentarios adicionales. Parece mentira que teniendo una antigüedad de poco más de un siglo, haya que investigar el cine con la mentalidad de un arqueólogo. Pero, en la práctica es así. Los testimonios orales de supervivientes no sirven para nada: son pura ensoñación. Hay que aplicar criterios de C.S.I.: huellas y ADN e informática, pero esto con mucha precaución.

- ¿Qué esperas del Catálogo 1931-40?
- Espero que sirva para hacer limpieza de cuantos bulos y disparates se han venido publicando sobre esta década, que son muchísimos. Hay muchas lagunas y confío que en un futuro se vayan cubriendo, pero aportando pruebas. También espero que sirva para que salga a la luz más documentación y, sobre todo, copias de las películas perdidas.

Apéndice biográfico. Juan B. Heinink, natural de Bilbao, comienza a escribir artículos y críticas de cine a finales de los años sesenta, alternando dicha actividad con programas de radio, música y composición de portadas de discos. Entre 1977 y 1984 produce y dirige varios films de carácter experimental, como «Ikurriñaz filmea», «Criss Cross & deskarga batzuk» o «Gerla eta maitasun gertakaria». Ha publicado el «Catálogo de las películas estrenadas en Bizkaia: 1929-1937" (1986), el libro «Cita en Hollywood» (en colaboración con Robert G. Dickson, 1991) y estudios historiográficos u obras de catalogación referentes al cine producido en los años treinta.



Autor: Angel Caldito.
En este blog también colaboran: José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.