lunes, 2 de mayo de 2011

Conan el Bárbaro en Hollywood – 3ª parte y Fin



Estábamos a principios de Junio cuando llegamos a Los Ángeles. La productora me tenía alquilado un apartamento muy cerca de donde estaban los montajes. No mas de diez minutos andando hasta Rodeo Drive, allí estaban las oficinas de Dino de Laurentiis y también las salas de montaje.


Aquí miles de metros de película nos esperaban después de su periplo por las aduanas españolas y norteamericanas. Habían pasado unas dos semanas desde que enviamos la película desde Almería.

Ahora sí que teníamos que trabajar. El director John Milius empezó a venir regularmente a montaje para ver lo montado, dar su opinión y seguir editando las secuencias como él quería. Y empezó a ver rollos y rollos de película, todos los que no había tenido tiempo de ver antes. De entrada, un director no descarta mucho, la película es su “bebé” y todo es estupendo con la criatura, por lo que se montaban las secuencias enteras de arriba abajo aunque fueran largas y se supiera que al final serían cortadas. Las moviolas no paraban de pasar película y los montadores ahora ya no podían ir a jugar al golf... Éramos seis personas, las mismas que estuvimos en Almería hasta el último minuto, con excepción de mi ayudante española que se quedó en casa. Enseguida empezaron a contratar mas ayudantes, no éramos suficientes para tanto trabajo. Uno de los nuevos se encargaba de las relaciones con el laboratorio pues empezaron a pedir pequeños trucos para ver como quedaba esto o aquello, probando con los encadenados o los cambios de color (secuencia de los cuerpos humanos que había que ver y no ver), etc... Solo para estos “juegos” teníamos un auxiliar de montaje. Los demás: preparar secuencias para los ahora “hambrientos montadores”, atender al director, a las visitas, y con esto era mas que suficiente. Ahora ya no éramos divertidos seres humanos haciendo una película. De la noche a la mañana nos convertimos en algo parecido a esas gallinas ponedoras de huevos, que, alineadas en jaulas, no hacen otra cosa que cumplir con su cometido, poner huevos, con la diferencia de que nosotros poníamos rollos de película (en las moviolas). Así pasaron unas cuantas semanas, y aunque no era tan divertido como antes, pues se podía aguantar. Los fines de semana para mí eran lo mejor, pues veía gentes con las que había trabajado en tal o cual película y Colin y yo los visitábamos aunque estuvieran muy lejos...Pero al cabo de un mes “my better half” (marido), se hartó de dar vueltas por Los Ángeles y se marchó a Europa a preparar una película alemana.

No recuerdo cuanto tiempo había pasado desde nuestra llegada, pero John Milius también nos dejó, porque su contrato había terminado. Y claro, la película apenas estaba esbozada de montaje. El director se despidió un sábado de nosotros y al lunes siguiente entró en montaje el productor Dino de Laurentiis y ya no salió de allí.

Dino y Raffaella De Laurentiis

Él era el que mandaba. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de porque en Almería decían aquello de “Iros a jugar al golf”. El productor quería montar la película como consideraba que era mas comercial y como era quien que pagaba ¡pues tenía toda la razón!. Así que una vez terminado el contrato con el director... él llevó el timón del barco. ¡Y por Dios que sabía lo que quería!.

Algunos os sorprenderéis de este juego tan sutil, yo también estaba sorprendida de que un director tan importante dejara una película así, pero ahí estaba la astucia del contrato: Tantas semanas de rodaje, equis de montaje y fuera. Claro que sí la película hubiera estado mas adelantada de montaje... pues el director hubiera tenido mas tiempo para decir lo que quería... No sé, igual se fue tan feliz a preparar otro trabajo... Nunca lo sabremos.

Lo que sí sé, es que en cierto modo esto es mucho más inteligente que las controversias que ocurren en tantas películas, en las que productor y director no están de acuerdo en el montaje a la hora de quitar cosas o poner, y en consecuencia las batallas que se organizan son terribles. Yo he presenciado muchas veces grandes problemas entre ellos, y los montadores siempre estamos en medio de la lucha. Recuerdo una película española en la cual lo que decía el director por las mañanas, en las tardes nos lo hacía quitar el productor o viceversa. La mala suerte es que el productor estaba enc.....do con la protagonista y había producido la película por y para ella, y el director ...pues no tragaba a la chica porque entre otras cosas era muy mala actriz. El productor quería que la pusiéramos todos los primeros planos posibles y el director solo la aguantaba en planos generales... La montadora tuvo una subida de tensión al cabo de unas semanas que casi se nos muere. Quiso dejar la película porque aquello se convirtió en un infierno, yo también quise irme, pero como al final ella siguió, yo también continué, apoyándonos la una en la otra como mejor podíamos...

Arnold Schwarzenegger como Conan el Bárbaro.

Por esto lo de Conan me pareció tremendamente civilizado y hasta comprensible. El dinero es del productor y naturalmente ¡quiere velar por sus intereses!. Es por esto que cuando un director quiere hacer lo que le da la real gana, el mismo produce su película y la dirige. ¡Así no hay problemas!.

Volviendo a Conan, a partir de un cierto momento empecé a estar saturada del ambiente de montaje, ya no era lo de antes, muchos ayudantes, y mas que vendrían y también estaban anunciados los montadores de las bandas de sonido y mas tarde vendrían los de la de música ...yyy ¡Estaba harta de las hamburguesas y de las pizzas! y de ir sola a comer al restaurante de la esquina...Los demás comían: una manzana, o un helado, o un cóctel de vitaminas, en la sala de montaje. Ir de restaurante cada día, pues ellos no. Yo, sí hacía mi receso a la “semiespañola”. Una hora de comida insípida y aburrida. Le tuve que pedir a Raffaella (la productora), que me diera mas dinero de dietas, me preguntó que era lo que me gustaba comer y por qué no me alcanzaban las dietas. Le recordé que ella era italiana y que los latinos estamos acostumbrados a comer bien. Lo entendió perfectamente, me dio mas dinero, siempre tuvimos buen rollo. Aprovechamos aquella conversación para aclarar que no iba a quedarme hasta el final de la película, y acordamos que en cuanto yo pensara que todos los nuevos ayudantes estaban al día de lo que pasaba en montaje, yo estaría libre de marcharme a “mi casaaaaa…”. Y así lo hice, estuve unas cuantas semanas mas y les dije: ¡Adiós, Chao, Good bye! . Sin pena alguna. Realmente estaba HARTA. Antes del regreso me quedé unos días en casa de mi amigo el montador Stan Allen.

Aproveché para mirar detenidamente las tiendas de Rodeo Drive y pasé mas tiempo con mis amigos. Uno de los últimos días antes de mi marcha nos encontramos (los Allen, sus niños y yo) a Arnold “Conan” en un restaurante de aquella zona. No le habíamos vuelto a ver desde Almería. Vino a nuestra mesa a saludarnos en cuanto nos vio. Los niños aprovecharon para pedirle autógrafos. Charlamos un ratito y... fue la última vez que vería en persona al gobernador de California. Esto es lo que yo pensaba, pero no ocurrió así, ya que con el tiempo le volví a ver en Roma, en la película “Red Sonja”.

Pero eso... es otra historia.

-.-.-

Autora: Maria Luisa Pino

En este artículo han colaborado: Ángel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

5 comentarios:

  1. ¡Genial tercer artículo!
    Vaya, siempre he atribuido a John Milius todo el mérito por el resultado final de la película. Pensaba que había estado hasta el final para dejarla completamente a su gusto y recortado él mismo las escenas "sobrantes" (llamemoslas así,ya que para nosotros no sobraba ninguna,ja,ja). Entonces John Milius tampoco tuvo que ver con los arreglos y adaptación de la banda sonora al montaje final?
    Sami.

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  2. Maria Luisa Pino6 de mayo de 2011, 14:20

    Para Sami. No sé si tuvo mucho o nada que ver en la banda sonora. me temo que nó. Supongo que cuando le enseñaron la pelicula terminada , tendría que decir "Sí bwana" y poco mas. Yo para entonces había regresado a Europa y no lo puedo asegurar. Marisa

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  3. que lancen un montaje del director ya!!!!!!!!!
    Puñetero De Laurentis!

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  4. Ernesto Fernández (Alemania)27 de octubre de 2011, 20:19

    Hola, Maria Luisa,
    La verdad es que yo no puedo opinar mucho de cine, aunque haya visto rodar bastantes películas en la CEA. Tu ameno artículo me demuestra una vez más lo frágil e inseguro que era ese mundo del cine, pero también lo movido e interesante, es decir, algo para gente joven, y tú lo eras. A mí de todo aquello que tan bien describes se me han quedado grabadas las órdenes del director de cine Antonio Román cuando rodaba los exteriores de "Fuenteovejuna", en 1947 en la CEA, y daba las voces "motor, sonido, acción, ¡rodando! -El que vieras en E.E.U.U. a Schwarzenegger (Conan) ya era en sí una aventura en aquellos años. Un abrazo

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