martes, 25 de octubre de 2011

La chica del tambor


Estamos en el año 1983 y es invierno. Recibimos una llamada desde Munich, se trata de hacer un trabajo para una película coproducida por alemanes, americanos, y algún otro país que no recuerdo, es la parte alemana la que nos pide una colaboración para el proyecto que se rodará en varios lugares de Europa.

En aquella época no trabajábamos en un lugar concreto, éramos trashumantes por convencimiento y nos encantaba ir de un país a otro y hacer cualquier película que nos propusieran y nos apeteciera. Éramos dos seres libres, sin ataduras, sin hipotecas, un poco hippíes, pero bien pagados y considerados. Teníamos casa en Madrid y Londres, y en ninguna de ellas habitábamos casi nunca, lo nuestro era la carretera.

Entonces estábamos en Madrid de vacaciones, visitando familia y amigos, pero como siempre dispuestos a dejarlo todo por cualquier tipo de locura que nos ofrecieran. En este caso lo que nos pedían era lo suficientemente complicado como para encandilar a Colin Arthur (Efectos Especiales) y a mi misma (ayudante y esposa sumisa) y por consiguiente aceptar el trabajo que nos haría viajar a Friburgo y a La Selva Negra.

Diane Keaton era la protagonista, y estaba por los americanos, Klaus Kinski por la parte alemana y otros varios más por no sé que parte. El titulo: “La chica del tambor” basada en la novela de John Le Carré. El director George Roy Hill.

Nos explicaron que la secuencia que les preocupaba y por lo que nos requerían, era un tiroteo en la habitación de un hotel. El plano a rodar era este: Un asesino dispara al terrorista que está con el torso desnudo mirándose a un gran espejo, la cámara debe recoger la entrada de los tiros destrozando la piel, todo en un plano secuencia y con los dos personajes a la vista del espectador. No hay donde ni como esconder nada, el espejo muestra la escena completa. Claramente una planificación de locos, pensada para que algún “loco” resuelva el problema...Y para eso, nadie como los Arthur.

Enseguida nos pusimos de acuerdo en precio, días y lugar de rodaje. Les pedimos que nos mandaran el actor a Madrid para ir trabajando con él en el truco requerido. No era posible, y tuvimos que acordar ir a Paris en las próximas 24 horas para hacer el trabajo allí, con todos los materiales y herramientas que necesitábamos, mas muchos más “por si las moscas”.

Había que hacerle un molde en escayola de medio cuerpo, de éste sacar un positivo sobre el cual modelar una “sobrepiel” que en el proceso final pasaríamos a espuma de látex (lo mas parecido a la piel humana), la que a modo de camiseta llevaría el actor en su momento. Entre su cuerpo y la “camiseta”, se esconderían unos detonadores que accionados (Dios sabe cómo) abrirían agujeros en la piel ficticia y saldría sangre y todo eso...

Cargamos el autocaravana (que entonces usábamos con cierta frecuencia) con todo lo necesario y nos pusimos rumbo a París. Allí, con el tiempo justo para preparar el trabajo, llegamos al hotel Hilton donde nos habían reservado una suite.

Hotel Paris Hilton

Como era habitual, el aspecto de Colin dejaba mucho que desear, sus pelos largos y alborotados, barba mal cortada, cansancio de conducir sin interrupción durante horas y horas..., vaqueros estropeados con escayola y pinturas de todo tipo, total, lo mas parecido a un pordiosero. Según entramos en el hotel, y en nuestro camino hacia recepción, los “otros” clientes nos miraban con curiosidad y casi desagrado, y se aplastaban contra la pared para no ser contaminados por nosotros. En recepción nos identificamos y a pesar de la mirada recelosa del que nos atendió, no tuvo mas remedio que darnos la llave de la suite. Conseguimos un carrito con botones incluido y le pedimos que nos acompañara al auto caravana para recoger nuestras cosas. Nos siguió de mala gana (seguro de no obtener grandes propinas de aquella estrafalaria pareja) y cuando empezamos a llenar aquella dorada plataforma con ruedas de materiales extraños, al pobre se le salían los ojos de las órbitas. Su reluciente carro se llenó de sacos de escayola, rollos de arpillera, bidones con líquidos extraños, que despedían olores inidentificables, herramientas de todo tipo...Todo lo fuimos apilando allí de mala manera. El chico sin rechistar, tomó rumbo hacia los ascensores seguido de nosotros que acarreábamos el resto de las cosas y según pasábamos, quedaba un halo de polvo de escayola en la preciosa moqueta del París Hilton. Yo, mentalmente maldecía el que “mi jefe” no me hubiera dado tiempo para precintar los sacos y así poder minimizar la suciedad que caía de ellos, pero Colin siempre se ha fumado un puro con estas cosas y hace lo que le viene en gana sin mirar atrás. Así, y ante la mirada desaprobadora de todo aquel que nos encontramos por el camino, llegamos a nuestra habitación. El botones descargó toda aquella parafernalia y salió (con su precioso uniforme antes azul marino y ahora blanco tiza) huyendo de nosotros como alma que lleva el diablo y sin esperar la propina.

Nos dimos una ducha, nos adecentamos un poco, y buscamos un sitio para cenar. Descubrimos un coqueto restaurante con velitas y esas cosas lindas por allí cerca, nos gustó y nos quedamos para estar bien alimentados de cuerpo y espíritu pues el trabajo que teníamos programado, seguro iba a ser cuando menos estresante.

Sammy Frey

Al día siguiente y a la hora prevista, llegó el actor, francés, pero bastante agradable, Samy Frey creo recordar era su nombre. Sin mucho preámbulo le pusimos en antecedentes de lo que le haríamos, bueno, le contamos solo un poquito aprovechando que él hablaba nada de inglés y nosotros poco de francés...La verdad es que cualquier actor que le hemos hecho este tipo de pu...lo ha pasado mal y se acojonan bastante, por lo que siempre es mejor que no sepan mucho de que va...Una vez hicimos algo parecido a Adolfo Marsillac y estuvo a punto de irse a su casa con toda la cabeza cubierta de yeso, me costó trabajo contenerle...

Extendimos un plástico grande sobre la moqueta de la habitación, le pedimos que se desnudara la parte superior del cuerpo, y mientras Colin preparaba en el baño los cubos de escayola, yo envolví su torso con papel trasparente de cocina, para aislar su piel y por consiguiente el vello, de una depilación no deseada. Le tumbamos en el suelo de espaldas y rápidamente empezamos a cubrirle de escayola desde la cintura, hasta el cuello. Enseguida llegaron las carreras, los trozos de arpillera que iba mojando en el yeso, volaban de mis manos a las de Colin, que sin ningún miramiento las ponía en el cuerpo de la victima. El hombre comenzó a tiritar, la escayola estaba muy fría, pero nosotros, una vez en marcha, no tenemos vuelta atrás, seguimos a lo nuestro. Le pusimos unas cuantas tiras de madera (previamente cortadas) en sitios clave de la espalda para sujeción de la pasta, y cuando tuvimos aquel lado listo, le dimos la vuelta para continuar la operación por la parte frontal. Para entonces el plástico del suelo se había roto por las carreras (el tiempo de fragua de la escayola es limitado) y había que seguir... enredándonos continuamente con el suelo. Cuando terminamos de hacer aquel extraño corsé, la moqueta, los muebles, la pared entelada...todo, tenía una nueva decoración con trozos de yeso ya cuajado y endurecido esparcidos aquí y allá...

Unos minutos mas tarde le dijimos al paciente que lo peor había pasado, ahora solo había que liberarle de la pesada coraza. El sacar a quien fuere de este tipo de prisión, es algo complicado, suele ocurrir que en algún sitio se atasca la escayola y se pega un lado con otro... Explicaré: Hay dos mitades unidas, que al igual que una nuez, se tienen que abrir, para que el sufridor salga del molde sano y salvo, si esto no ocurre por las buenas, hay que hacerlo como sea para que la persona no se cueza dentro del molde, pues a partir de unos minutos, este va cogiendo temperatura y... entonces hay un momento que te preguntas ¿Cómo saco a éste de aquí vivo, sin cocinar y sin romper el molde? Siempre tenemos preparados cortafríos, hachas, serruchos y por supuesto una radial... para horror de aquel hombre, que viendo todas las herramientas, casi se desmaya... Tuvimos suerte, solo se atascó en algún pequeño lugar y con el cortafrío y el martillo lo solucionamos. El molde salió bastante bien y al actor lo rescatamos “vivo”, pero blanco como la pared, no precisamente por el yeso, y sí por el terror pasado. El francés una vez se vió libre y entero se adecentó un poco y dando las gracias, salió huyendo del maldito lugar.

Samy Frey y Colin Arthur (en el espejo)

La suite incluyendo el baño, era un total y absoluto caos, intenté arreglar aquello un poco tratando de borrar las huellas del delito. Quise despegar los pegotes de escayola de la moqueta, era imposible, con lo cual opté por rasurar los trozos implicados con unas tijeras para disimular el problema, pero aquello se notaba bastante... Visto lo cual, decidimos llevarnos las cosas poco a poco, sin pedir ayuda ni carritos para que nadie viera el desastre hasta que estuviéramos lejos de allí. Así lo hicimos, usando los ascensores de servicio, escondiéndonos como asesinos, para que no nos vieran cargando con el cuerpo del “muerto” (los pesados moldes que habíamos fabricado). Tuvimos que hacer unos cuantos viajes a pesar de que les dejamos parte de los materiales que habían sobrado “como regalo” y para no tener que hacer mas subidas y bajadas... No nos atrevimos ni a devolver la llave de la habitación, y como estaba pagada por adelantado, salimos de aquel magnifico hotel escapados, sin mirar atrás. Y pusimos rumbo a Friburgo, donde nos esperaba la segunda parte del programa.

Llegamos a Alemania con las ultimas luces de la tarde del día siguiente. Friburgo me pareció precioso, todo cubierto de nieve, tan cuidado, tan limpio, magnifica la parte antigua, las flores en las calles... me pareció una ciudad de cuento de hadas... He vuelto en varias ocasiones y ya no me ha parecido la misma ciudad, no la encuentro tan maravillosa y nunca he recuperado aquel sentimiento de la primera vez, algo ha cambiado, posiblemente yo, lo cierto es que nunca un lugar te parece el mismo cuando regresas, y sí tienes preciosos recuerdos, lo mejor es no volver...

El hotel donde nos alojábamos, era coqueto y agradable, allí estaba todo el equipo de la película (ellos llevaban tiempo rodando). Teníamos, ingleses, americanos, austriacos, alemanes y una española (yo). Gentes de varios países reunidos para rodar una película, es lo normal, recuerdo un rodaje en Portugal, era un día cualquiera y estábamos sentados para comer catorce personas, pregunté las nacionalidades de cada uno ¡Salieron once diferentes!

El equipo de “La chica del tambor” nos acogió con simpatía, muchos técnicos conocidos de otras “batallitas”, y otros que era la primera vez que veíamos. Diane Keaton, encantadora, Klaus Kinski...antipático, raro y engreído, el resto del equipo, normal, dentro de lo que en este mundillo se puede considerar normal.

Al día siguiente, mientras los otros rodaban, nosotros nos pusimos a buscar un lugar donde instalar nuestro sitio de trabajo. No había muchas opciones, y una vez descartada una habitación en el hotel por razones obvias (allí estábamos programados para tres semanas), alguien propuso que viéramos un cuarto en desuso que estaba en el garaje del hotel, allí podíamos guarrear lo necesario sin problemas. Dicho y hecho, en poco tiempo estábamos trabajando en aquel inhóspito lugar. Estoy segura que allí, el grajo volaba bajo porque hacía un frío del cara... ¡Y no teníamos la preciosa moqueta del Hilton...!

Colin se puso a modelar en barro sobre la famosa coraza de escayola una falsa espalda y pecho para nuestro amigo el actor francés. Yo, preparé mi mini-laboratorio en un rincón, pues la piel ficticia había que hacerla en espuma de látex, y coloqué las maquinas batidoras, mi medidor de humedad, el de temperatura, el cronómetro y mi libro de recetas en un tablero cutre que alguien me agenció. Para hacer este trabajo, lo ideal es un lugar donde no haya cambios en el ambiente, ya que este látex es muy sensible y es muy difícil que sin las condiciones requeridas para hacer la mezcla, ésta salga bien, lo normal es estar varios días controlando la humedad, la temperatura y cuando ya lo tienes todo mas o menos estabilizado, pues haces una prueba y si sale como debe de ser, ya tienes la receta que has de utilizar. Nosotros raramente conseguimos hacer las cosas como es debido, solo pude tener un laboratorio en condiciones en “La Historia Interminable”... y nunca más... Resumiendo, aquel cuchitril, en un garaje húmedo y frío, era el lugar peor, para obtener buenos resultados.

El día que tuve que hacer la mezcla, había conseguido subir algo la temperatura con los secadores de mano, aún así la humedad era mucho mas elevada de lo normal y lo lógico es que aquello no hubiera salido bien ni queriendo, la receta habitual no servía de nada, ajusté tiempos y velocidad de las batidoras como Dios me dio a entender y a los quince minutos poníamos la mezcla en los moldes, parece ser que mi hada madrina me protegió y al menos en apariencia la espuma estaba bien... quedaba cocinarlo en el horno durante unas ocho horas. No teníamos horno, Colin envolvió los moldes que contenían la mezcla, con una especie de papel plateado, como de estaño, lo pusimos en el suelo sobre unas maderas para aislar la humedad, abrimos unos agujeros en el paquete y por allí colamos dos o tres secadores de mano y otro mas potente, también metimos un controlador de temperatura y ... ¡Hasta el día siguiente!

Por la mañana, llenos de ansiedad abrimos los moldes. ¡No me lo podía creer! La piel estaba razonablemente bien y podía servir perfectamente. Decidimos hacer una segunda para emergencias, ahora la receta anterior ya me servía de guía, ajusté en unos segundos el tiempo de batido y ... al horno. Al día siguiente tuvimos otra piel mejor que la anterior. Solo quedaba hacer el truco final, preparamos las dos pieles artificiales para el rodaje, se maquillaron del color de la piel de nuestro amigo francés y se lo probamos, todo estaba mas o menos bajo control.

Probando la sobrepiel y los detonadores

Fin del pegado de la piel de látex.

Y llegó el día, nosotros empezamos la jornada de mañana tres horas antes que el resto del equipo. Colocar la piel ficticia, disimular los bordes e integrarlos sin que se note la línea difusora con la piel real (en el cuello, en la cintura y los brazos), es algo complicado, los bordes tienen que ser delgados como papel de fumar y se unen con un pegamento especial a la piel del actor. Antes de pegar “la camiseta” hemos colocado unos pequeños detonadores en el cuerpo, fijados con esparadrapo a la piel, estos se accionan en el momento preciso con mando a distancia, también ponemos unos preservativos llenos de sangre en los puntos donde los detonadores explosionan, los cuales abren la piel ficticia en el momento requerido y al tiempo rompen el preservativo. Dicho así, parece fácil, ¡No lo es en absoluto! Pueden ocurrir muchas cosas como: que la piel no se rompa o que se destroce en exceso, que la sangre no salga, o, si es mucha, malo, si es poca, no se ve... o, que no vayan sincronizados los disparos del asesino, con el momento de la ruptura de la piel... etc. Estos posibles fallos, nos ponen muy nerviosos ya que un rodaje de este tipo es costoso en tiempo y si no sale la primera vez, y hay que repetir, esto lleva unas cuatro horas entre la limpieza del actor y poner una nueva piel.

Usamos varias cámaras escondidas, por si fallaba alguna tener otras opciones, nosotros, estábamos tirados en el suelo para accionar el mecanismo de rotura en su momento, el resto de las personas indispensables, también en el suelo por lo del espejo.

Acordamos con el director contar hasta diez, en ese momento el pistolero, comenzaba a disparar, y nosotros en el mismo momento accionábamos las explosiones en sincronía con los disparos.

Colocaron luces, cámaras, alguien empezó a contar: Uno, dos, tres... cerré los ojos, las manos me temblaban... ¡diez! Colín accionó su mando, yo el mío...

¡Perfect! ¡Bravo! Gritó el director. Fué entonces cuando me atreví a mirar. Había salido a la primera.

Detalle de los orificios de salida de los disparos en la piel ficticia.

Como quedó  la espalda trucada después de finalizado el rodaje.

Hubo felicitaciones, abrazos, y ¡champagne! para todos.

Después de la celebración, desmaquillar y despegar al actor nos llevó un tiempo, Samy, deseoso sin duda de perdernos de vista, no se quejó de nada en el proceso y hasta nos ayudó con los disolventes, cuando terminamos nos besó agradecido de salir con vida y desapareció.

En unas horas recogimos todas nuestras cosas y enseguida estábamos pensando en el próximo trabajo de la película que nos llevaría a La Selva Negra, con otros efectos y más problemas que solventar. Pero eso ...

¡ES OTRA HISTORIA!
-.-.-

Reseña:
La chica del tambor ( The Little Drummer Girl) está basada en una novela de John Le Carré, sobre la causa de la liberación palestina.
Sus protagonistas son: Diane Keaton, Yorgo Voyagis, Klaus Kinski, Sami Frey, David Suchet, Michael Cristofer, Eli Danker, Ben Levine, Anna Massey.
La trama de la historia se centra en el seguimiento de espionaje que realiza el gobierno israelí de un grupo terrorista palestino. Para ello reclutan y preparan a una civil inglesa para que les sirva como cebo y topo en ese grupo y así poder localizar a un agente palestino.


Autora: María Luisa Pino

En este artículo han colaborado: Angel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

4 comentarios:

  1. Me ha encantado Maria Luisa¡¡¡ No es solo lo que cuentas sino cómo lo cuentas...y además.... ''que me das mucha envidia¡¡¡¡ Viajando y conociendo tanta gente en una época que no era muy común el viajar. Sigue con tus historias, por favor.
    Irene

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  2. Ernesto Fernández (Alemania)28 de octubre de 2011, 11:41

    Hola, Maria Luisa,
    Menudo lío os traíais con los "efectos especiales", aunque yo prefiriera que el "mensaje" viniera más que de ellos, del diálogo, de la situación, de la expresión de rostro de los actores... Por otro lado, tu trabajo era complicado, emocionante y moderno; siempre cambiando de lugar, comiendo con otras gentes y todo muy dinámico y trepidante. A mí sin embargo me gustaba más, cuando he estado en
    París, preguntarle con calma al clochard sentado a la orilla del Sena con una caña de pescar que si picaban...Claro que yo iba haciendo una gira en bicicleta por Francia y tenía tiempo de sobra para los clochards y para los peces. Tu historia cinematográfica la has relatado con una vivacidad tal que me parece estar viendo a Klaus Klinsky "antipático, raro y engreido" y podías haber agregado "y feo". Continua con tus relatos, que eso mantiene joven. Saludos

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  3. Gracias a los dos (Irene y Ernesto)por vuestros comentarios. Tener lectores anima un montón. Sí, ya sé que fuí afortunada al pertenecer a este mundillo, que era tan interesante como estresante,pero nada es gratis...la gente de cine tiene que ser por fuerza muy trabajadora , sin problemas de salud y entregada a la causa totalmente.Siendo aprendiza de montaje, y nada mas llegar me advirtieron que debería olvidarme de tener novio, amigas, tiempo de ocio...Y por supuesto, la seguridad de tener un trabajo detrás de otro eso ¡Nunca! Aún así, ha sido muy enriquecedor y aunque cuando estaba en activo , no me daba cuenta de lo estupendo que era este mundillo, ahora, cuando rebusco entre mis recuerdos, sí que veo claro que tuve una vida distinta al común de los mortales.
    Sí, se me olvidó añadir "feo" al describir a Klaus.
    Saludos Maria luisa

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  4. ¡BRAVO!,Maria Luisa,eres un encanto,me alegran un montón tus relatos,tú si puedes decir que tu vida a sido una aventura,gracias por tus relatos,no defraudas en absoluto.
    Un saludo de G.M.P.

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