viernes, 15 de abril de 2011

Almería y Conan – 2ª parte de “Conan el Bárbaro”

A finales de Marzo nos trasladamos a Almería para continuar el rodaje de “Conan”. Allí nos instalamos (montaje) en los bajos del hotel Almerimar. No sé como nos las arreglamos los de montaje para acabar poniendo siempre nuestras moviolas y demás parafernalia cerca de alguna zona como las lavanderías de los hoteles o donde se guardan las cosas que no sirven y sitios semejantes. En este caso y después de mas de una semana tratando de que nos pusieran aire acondicionado, regulador de humedad (para que la película no se cristalice con el calor) instalación de electricidad suficiente y varios otros etc. Conseguimos arrancar de nuevo con el trabajo. Antes de nada quiero aclarar, que lo del aire acondicionado, el humidificador y demás, eran solo lujos que se permiten las grandes superproducciones, porque en las “otras” si se rompe la película porque se cristaliza, pues la arreglas y punto, y sí te asfixias de calor, pues con un ventilador vas que te matas, eso si hay presupuesto. Pero nosotros ¡éramos importantes! podíamos exigir lo que fuere, y a mi jefe americano se le antojaban muchas cosas... y si no las tenía, no trabajaba.

Yo, sí tenía prisa por poner el montaje en orden, pues la película sigue su ritmo y no puedes dejar acumular el trabajo. Así que, mientras él se iba a jugar al golf, nosotras (Rafa mi ayudante y yo), no parábamos de sincronizar, preparar secuencias y numerarlas y descartar las tomas que no se elegían en proyección... etc.

Y decidimos que viniera otro ayudante. Este llegó de Los Ángeles, trajo algún que otro encargo (según creo) de ¿peanut butter? o lo que fuere que algunos necesitaban y se instaló con nosotros, no recuerdo su nombre, nunca me interesó, hacía su trabajo más o menos bien (aunque le teníamos que controlar), pero nunca le hice mi amigo.

Equipo de montaje en el hotel Almerimar.

Mientras, el montador seguía jugando al golf. Un día Tim (el jefe) me dice “Viene a ayudarnos un gran amigo tuyo, Stan Allen”, ¡Que alegría me llevé!, Stan era y es uno de mis mejores amigos montadores que tengo. El le había advertido a Tim de exigirme como ayudante suyo en la película y esto unido a que la producción española siempre me llamaba, había hecho que yo estuviera en Conan.

Con Stan en montaje, todo iba a ir como la seda, él estaba contratado como co-montador pero lo primero que hizo fue echarme una mano con la ingente cantidad de película con la que había que lidiar de diario. A pesar de que el primer montador “casi” no trabajaba, éste, mi amigo, en cuanto pudo comenzó a montar alguna secuencia, y entre los dos cambiábamos opiniones de cómo nos gustaba mas o menos, qué poner o qué quitar, en fin, estas cosas. Pero un día le dijeron a Stan veladamente que no montara tanto, no había prisa, que se fuera a jugar al golf... No dieron explicaciones, Stan se planteó volver a su casa de Los Angeles, él estaba allí para trabajar, no para jugar...

Conseguí convencerle para que se quedara, le hice traer a su familia, se dedicó mas a ayudarme a mí que a montar y... acabamos pasándolo estupendamente a pesar de todo. Mas tarde y ya en Hollywood supimos el porqué de montar lo menos posible.

Justo al lado de nuestros montajes estaba instalado el salón de “tortura” de Arnold Schwarzenegger, o sea; su gimnasio. Allí había todo tipo de maquinaria extraña mas propia de los tiempos de la Inquisición que de otra cosa. En este sitio se machacaba el cuerpo diariamente el que con el tiempo sería gobernador de California. De vez en cuando venía a vernos como buen vecino y la verdad es que era bien recibido, porque era/es un tío muy agradable, y para asombro mío...su mirada no era la clásica de alguien fuertote tirando a bruto. No, en sus ojos brillaba la inteligencia y esto, yo no lo esperaba. Algo que me impresionó bastante era su musculatura, fuera de lo normal, sobre todo la de los brazos, tremendamente desarrollados, daba miedo verlos al desnudo. Nos contó que le tenían que hacer las camisas a medida solamente por el grosor de los brazos...

Sentados en un descanso del rodaje a la izd. John Milius (director de la película) y Arnold Schwarzenegger.

Nuestra vida en Almería transcurría más o menos bien. Colin Arthur se había venido conmigo en plan consorte, su trabajo había terminado en Madrid, pero hasta que le saliera otro interesante, ¿Qué mejor que coger vacaciones en Almería donde nos conocimos hacía años? Muchos de los técnicos estábamos instalados en apartamentos al lado de la playa, en Almerimar, y como es lógico nos juntábamos en la noche para recorrer los mejores restaurantes de toda la provincia. Colin había traído el coche caravana, y en él nos trasladábamos al pueblo que fuere a probar las “gambitas” o la excelente carne de turno. La verdad, lo pasamos estupendamente.

Montaje seguía su ritmo (montando poquito) aún así, llegó otro auxiliar de Los Ángeles (no sé por qué), y en las ultimas semanas otro. Los que teníamos que llevar la película al día seguimos a nuestro aire, a los otros, pues ni caso, ellos ya habían traído lo que fuere y punto. Aun así los dos últimos eran gente maja y se les aguantaba bien.

En Almería se rodó el exterior del Templo de Thulsa Doom. La construcción del mismo pudimos verla paso a paso y quedó magnifica. Rodaron bastantes días en el templo y las cantidades de película que se fueron acumulando en montaje, solo de este decorado eran tremendas.

Construcción del decorado.

Rafa y Marisa en la escalera del templo.

La noche que se prendía fuego el templo fuimos a ver el rodaje. Pusieron cámaras por todas partes, había que cubrir todos los puntos de vista imaginables y en todos los tamaños posibles, porque una vez empezado el fuego, no hay marcha atrás y lo que se ruede es lo que tendremos, no hay segundas oportunidades. Había miedo, siempre lo hay cuando se hacen cosas difíciles. Había miedo de que el viento soplara desviando las llamas (aquella zona es muy ventosa), había miedo de que hubiera accidentes, y había miedo de que el incendio no resultara “bonito” cinematográficamente hablando.

Cuando el director dijo ¡Acción! y aquello empezó a arder poco a poco, y los seguidores de Thulsa Doom empiezan a huir en desbandada y las llamas siguen el camino deseado, todos los que allí estábamos comenzamos a respirar tranquilos. Los chicos de los efectos que habían preparado aquello lo hicieron muy bien, tal como se les suponía que lo harían, y el resultado fue perfecto.

Según decían, la construcción de este altar había costado unos veintitantos millones de pesetas, que en unos minutos se redujeron a la nada.

Escena de la película del Templo Thulsa Doom en llamas.

Otro de los rodajes interesantes fue el del buitre picoteando a Conan. El animatronic creado por nuestro gran amigo Giussepe Tortora funcionó a la perfección. Ni siquiera cuando se montó la secuencia hubo que esconder nada. Creo recordar que lo rodó la segunda unidad y no hubo grandes dramas en el rodaje, todo fue como la seda. Más tarde Tortora trabajó con nosotros en las dos “Historias interminables”, en “Red Sonja” y en “Quatermain” En las cuatro películas su trabajo de ingeniería mecánica de las criaturas funcionó a la perfección.

Preparación de la crucifixión.

Buitre picando a Conan.

En Conan la mayoría de los rodajes eran comprometidos y los técnicos escogidos los mejores de cualquier país, tenían que estar a la altura de lo que de ellos se esperaba y en general, lo estaban. Resultó difícil la preparación y el rodaje de la trasformación de Tulsa Doom en serpiente. Hoy día con los ordenadores hubiera sido sencillo, pero en aquella época, casi misión imposible. Al final se decidió en montaje hacer los cambios de cara a base de encadenados (plano que termina y el siguiente se superpone sobre el anterior) y así se iría salvando la secuencia, pero en el montaje definitivo se optó por intercalar planos de lo que ocurría alrededor, entre los de Thulsa Doom cambiando a serpiente, en lugar de sostener todo el tiempo la cara evolucionando. No era tan efectivo, pero sí más seguro.

Casi sin darnos cuenta, la película estaba rodada. Todos los técnicos habían terminado su trabajo a excepción de montaje. Me pidieron continuar en Los Ángeles y dije que sí, que encantada...

Y Almería se fue quedando lejos y también sus gambas estupendas al peso de “El guarro”, y el sabrosísimo pescado, y la carne de “El establo”, y la sangría...

Todo esto (que no es poco) lo cambié por las hamburguesas y la Coca-Cola.

Foto del equipo de la película en las escaleras del Templo de Thulsa Doom.
-.-.-

Autora: Maria Luisa Pino

En este artículo han colaborado: Ángel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

viernes, 1 de abril de 2011

“Conan el Bárbaro” ¿Hablamos de la película? - Capitulo I


Muchos técnicos españoles estuvimos trabajando en Conan, también ingleses, norteamericanos, e italianos y de muchas mas nacionalidades, pero yo recuerdo principalmente a los que tenían relación directa conmigo (son los que menciono), que eran la mayoría.

Todos, en algún momento de nuestras vidas hemos vivido un día especial, que siempre recordamos, una noticia impactante, algo que nos hace decir “Yo aquel día estaba...” . Pues bien : hace treinta años, un 23 de febrero, un puñado de gentes de cine estábamos rodando “Conan El Bárbaro”. Llevábamos algo así como tres semanas de rodaje en Madrid. Yo estaba en la sala de montaje que habíamos organizado en unos apartamentos alquilados en la calle Juan XXIII, cerca de la ciudad universitaria. Allí también estaban las oficinas de producción, porque ya casi no había estudios en Madrid donde trabajar y en consecuencia montábamos el chiringuito en cualquier lugar.

El equipo de rodaje estaba en una nave industrial en la carretera de Madrid a Toledo (Fuenlabrada) a pocos kilómetros de Madrid. Allí tenían construido el gran decorado interior del palacio de Thulsa Doom, la sala de las orgías, donde se drogaban, y ofrecían a la gran serpiente a las chicas que les correspondía este raro “honor”. El decorado era fantásticamente real, los mármoles (que no lo eran), la serpiente (que tampoco). Todo estaba cuidado al máximo.

Colin Arthur en el set: Mojando a la serpiente con una mezcla de agua y gel antes de rodar.

Y de pronto...al Sr. Tejero se le ocurre amargarnos el día y la noche...¿Cómo me enteré?. Pues estaba con el montador americano y mi ayudante preparando la película rodada el día anterior y que se vería en proyección sobre las ocho de la tarde con el equipo de rodaje, cuando la secretaria de Raffaela de Laurentis entra desencajada en montaje y me dice “ Por favor, escucha lo que dice la radio, yo casi no entiendo español, pero creo que algo grave pasa en Madrid”. Y escuché y el mundo se me vino abajo.

Lo primero que pensé es que la película se suspendería, ¡Con lo contenta que estaba de tener un trabajo tan estupendo!. Luego recordé que Colin Arthur (mi marido), estaba en el rodaje trabajando con la serpiente y que en consecuencia si se cortaban las carreteras, quedaríamos aislados el uno del otro, tal como le ocurrió a una tía mía cuando estalló la guerra civil que estaba de vacaciones en Cádiz y regreso al cabo de tres largos años... Pero hubo suerte, el equipo de rodaje regresó, mas tarde, pero volvieron. Por supuesto que todos dábamos por muerta la película y en consecuencia Colin me dijo que no me preocupara. “Esperamos a mañana y si las cosas se ponen peor, cogemos a tus padres y a tu hermana y nos vamos a Londres en nuestro coche caravana”.

Por suerte, no hubo necesidad de salir corriendo y seguimos felizmente en nuestro estresante y al mismo tiempo estimulante trabajo.

A los pocos días ya no se daba abasto y para colmo, nos pusieron a una aprendiza que era Francesca De Laurentis, esto no me gustó en absoluto, pues un aprendiz entorpece un montón...Todavía recuerdo la cara de la chica cuando dije “Lo siento que vengas, pues nos cortarás mucho el rollo. ¿Sabes?: Aquí cuando se nos presiona a tope, lo primero que hacemos es acordarnos del jefe supremo maldiciéndole y en este caso son tu padre y tu hermana”. Francesca me miró asombrada y me contestó: “Por favor, olvídate de mi apellido, yo aquí soy una mas, cuando tengas que desahogarte, di lo que quieras y punto”. La verdad es que no dio lata ninguna y además era una chica estupenda, estuvo tres semanas con nosotros y luego se marchó a otro departamento para ver que se cocía en dirección.

La serpiente gigante era una pasada de monstruo animatronic, en la cual habían trabajado un montón de técnicos de efectos. La modelaron en Londres y la piel que la recubría y el resto del trabajo en Madrid. Se hicieron moldes en escayola y se repitieron los positivos en látex para tener mas de una serpiente y poder usarla de muchas maneras.

Foto 1: Molde en escayola recubierto de látex. Es la parte alta de la serpiente.

Foto 2: La serpiente una vez sacada del molde.

Los moldes se rellenan uno a uno y el resultado en látex (la piel) y el relleno, de poliuretano flexible, se va ensamblando hasta su final construcción, dejando dentro toda la mecánica que hace que se mueva la criatura de turno (esto en poquitas palabras, pero hay un ingente trabajo en este tipo de cosas). Colin estaba al cargo de estos trabajos y de su pintura, y finalmente consiguió que se utilizara la pintura especial para látex que él conocía en lugar de pinturas de maquillaje que alguien proponía...¿De cuantos colores hubiera terminado Conan en su lucha con la serpiente si esta hubiera estado maquillada en lugar de pintada?. No quiero ni pensarlo...

Técnicos de efectos trasladan una copia de la serpiente. A la izquierda y en primer termino esta el cuello y cabeza del animatronic . Se puede ver los cables, pistones, etc. de la maquinaria.

Hubo grandes trabajos que no se vieron en la película aunque sí se llegaron a montar. Uno de ellos (Colin fue quien lo hizo), eran unos cuerpos desnudos de gente a las que se había tomado el molde de sus cuerpos en escayola. Pasados luego a latex y pintados, los muñecos se colocaron en un lugar del decorado y colgados como pollos esperaban pacientemente a ser puestos en una especie de sopa de seres humanos que alguien preparaba en un inmenso caldero para ser degustada en una de las orgías (en foto 2 se ven al fondo). Estos cuerpos, una vez fotografiados, daban tanto “Yu-Yu” que aunque se trató de disimular la película dándole un color rojizo y oscureciéndola en el laboratorio, se decidió en montaje dejar la secuencia en el mínimo de metraje posible, ya que de otro modo la censura americana no lo hubiera dejado pasar. Como yo estaba en montaje, siempre estuve al tanto de las cosas que poníamos y de las que no había modo de montar y guardábamos lejos de las manos de quien fuere el que mas mandaba según en que momento...

Recuerdo el cabreo de Colin cuando después de una semana de trabajo en los ojos de la serpiente, me pide que le enseñe en la moviola ese rodaje. Yo le digo que nunca hemos tenido ningún primer plano del ojo abriendo y cerrando el párpado, el sigue empeñado que lo ha hecho y está rodado, alguien trata de insinuar “lo habrán perdido en montaje”... Pues no, no lo hemos perdido en montaje , simplemente alguien por alguna razón (quizás celos profesionales) ha “olvidado el rollo de película en algún escondido lugar” fuera de mi jurisdicción... Al final aparece y se monta el primer plano del ojo como debe de ser y mi marido deja de dar la lata por un tiempo. Pero venían otros y pedían ver esto o aquello y no nos dejaban vivir a los de montaje con tanto “Por favor puedo ver en la moviola...” Teníamos tanto trabajo que estábamos estresados al máximo, yo nunca estuve en una película donde se hayan rodado tantos metros y se hayan positivado la mayoría de ellos, para luego (en teoría) ser montados. Digo en teoría porque era de todo punto imposible ni tan siquiera intentarlo. Eran cientos de metros de la secuencia que fuere, los cuales estaban rodados con varias cámaras al tiempo, desde diferentes ángulos y variados lentes...

Especialmente la secuencia que se rodó en Almería del incendio del altar de Tulsa Doom fue lo mas acoj....te que yo recuerdo.

Nunca, nunca he visto ni veré mas cantidad de película rodada para una misma secuencia. Los montadores jefes (americanos ambos) que tuvieron que lidiar con aquella cantidad ingente de película, llegaron a decirme que escondiera rollos enteros de película porque no pensaban ni tan siquiera verlos. Por supuesto nadie los echó en falta. En películas como esta quien de verdad es el responsable autor no es el director, para mí el héroe es el montador.

Almerimar: Templo. Los puntos blancos son los extras que hacían de seguidores de Thulsa Doon

Como casi sin darme cuenta ya me he instalado en Almería, os dejo para pensar en escribir la segunda parte de “Conan el Bárbaro en Almería” .
-.-.-

Autora: Maria Luisa Pino.

En este artículo han colaborado: Ángel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.