lunes, 30 de mayo de 2011

“Red Sonja” o “El guerrero rojo”

Cartel inglés de la película
Roma año 1984,

...estábamos trabajando de nuevo con Dino de Laurentiis y con Arnold Swartzeneger. Ella, la chica de turno, era Brigitte Nielsen, la que fuera mujer de “Rambo” en algún momento de su vida.

Y como personajes principales, nuestros monstruos, que para eso les habían contratado, a Colin Arthur y a su (en este caso) mini equipo de Efectos Especiales, entre los cuales estaban: Su madre Dorothy, A. Páramo, escayolista; Giuseppe Tórtora en los animatronics; y yo misma, puesto que hacía tiempo había abandonado montaje y estaba incorporada de lleno en los Efectos Especiales.

Localización de los estudios en Roma

El estudio de De Laurentiis se acababa de poner en marcha de nuevo para rodar esta película después de varios años cerrado por los problemas de su dueño con la hacienda italiana y que en su momento le llevaron a establecerse en U.S.A. Por ello, cuando llegamos al estudio, este me pareció que se había quedado congelado en el tiempo. Había departamentos como maquillaje o vestuario que tenían las cosas tiradas por el suelo, restos de pinturas, de telas, vestidos, todo esparcido aquí o allá como si los últimos usuarios hubieran abandonado el sitio precipitadamente. En alguna repisa de maquillaje encontré un periódico con fecha de muchos años atrás y que hablaba de los problemas de Dino en aquellos momentos. También había una taza de café preciosa, de fina porcelana antigua, sucia, ennegrecida por los restos de lo que contuvo en su momento, me gustó, la requisé y todavía tomo mi café diario en ella y elucubro pensando quien sería su dueño... Nosotros estábamos buscando acomodo para nuestro departamento de Efectos Especiales y a veces, maquillaje es un buen sitio, sobre todo si lo que hay que hacer es caracterización de los personajes, pero si hay bichos es otra cosa pues depende mucho del tamaño de estos el lugar donde se trabaja. Como en este caso teníamos que construir monstruos y uno de ellos muy grande, decidimos irnos a trabajar a una especie de hangar- taller y me tuve que olvidar de los confortables maquillajes.

Colin Arthur modelando en barro a la criatura

Colin preparó el armazón o esqueleto del enorme monstruo en poco tiempo; dos o tres días, siempre le ha gustado soldar y enseguida fue dando forma a la estructura metálica que mas tarde sostendría los kilos y kilos de barro de modelar que serían la escultura de turno; una especie de pez monstruo gigante. Este era nuestra criatura “estrella”, por tamaño e importancia. Luego estaba una araña gigante, fea, muy fea, que era como “el animal de compañía” de la “mala” de la historia, la reina Grutun.

El pez monstruo defendía la entrada a una especie de castillo y habitaba en una gruta medio sumergida en agua. Medía unos cinco o seis metros de largo, y el material final después de modelarlo en barro fue : Poliuretano el interior y piel de látex el exterior. Una vez terminado lo pintamos de color verdoso oscuro, le colocamos un buen par de ojos de metacrilato y ...¡Listo para luchar con Arnold- Conan!.

Probando al pez monstruo. Colin , Steve y a la izquierda en tierra firme López Rodero.

Habían pasado entre cuatro y cinco semanas desde su gestación a su nacimiento. Pero lo del color fue mas peliagudo; después del primer tono verde, alguien sugirió el marrón y lo pintamos de nuevo, mas tarde decidieron que era mejor el verde, pero mas claro, y así estuvimos cambiando de color al bicho unas cuantas veces según el mandamás de turno pedía. Nos empezamos a hartar, teníamos que comenzar a modelar la araña ... y no había mucho tiempo. En esas estábamos cuando nos anuncian la visita del jefe supremo Dino de Laurentiis. Llegó con su corte habitual; secretaria, guardaespaldas, alguien de dirección, de arte y de producción. Miró al monstruo, lo re-miró y escueto y conciso como era dijo: “Este animal es un pez, y además es un guerrero, por lo cual sus escamas tienen que estar recubiertas con láminas de metal plateado que le sirvan de coraza(1). Tienen tres días para cambiar su aspecto”.

Y se fue...

¡Dios! El solo hecho de pensar en recubrir las escamas una a una, con un material que pareciera metal, pero que no lo fuera (para que no se hiriera el “héroe” que lucharía con él), y que no le añadiera peso, pues tenía el máximo previsto para que funcionara bien, y todo esto en tres días, era demencial. Enseguida se organizó un comité de crisis y después de variadas controversias conseguimos quitarnos el muerto de encima. Alegamos que teníamos otros trabajos que hacer urgentes y después de todo, lo que se pedía era mas bien asunto de “vestuario”, no de Efectos Especiales. Al final hicieron el trabajo en el departamento de “utilería” que era una mezcla entre atrezo y vestuario. Y nosotros nos quedamos mas que “a gustito” cuando vimos salir a la criatura de nuestro taller.

La araña . Foto 1: recien salida del molde y después de su cocción. Foto 2: ya ensamblada y con el mecanismo dentro de la piel. Foto 3: recién pintada. Foto 4: pegando los pelos.

Mientras, la araña gigante la teníamos en fase de modelado, por lo que en cuanto el pez desapareció de nuestro departamento, nos dedicamos en cuerpo y alma a su terminación. Dorothy y Colin modelaban, luego A. Paramo hizo los complicados moldes de escayola, Giuseppe el difícil animatronic y yo me ocupaba de la piel. En este caso espuma de látex (foam rubber). Explicaré algo sobre esto. Este material es un producto muy variable, requiere una buena mezcla de los componentes, es sensible a la humedad y al frío o calor, por lo que dependiendo de estos factores, el tiempo y la velocidad de batido en la mezcladora se tiene que ajustar a estos, hay que tener mano de cocinera de alta repostería y por último un buen horno para la cocción de la “crema”, que dependiendo del grosor de los moldes puede variar entre siete o doce horas hasta que esta finaliza. Una vez que tienes la pasta cocida, se desmolda, se unen como en un puzzle las partes del bicho que van en moldes separados y una vez completo, se pasa a pintar y en este caso también a pegar pelos a la criaturita. El resultado final de este látex especial, es de una gran elasticidad y muy mórbido de tacto, con lo cual los movimientos que desde el interior se producen dan la sensación de un ser realmente vivo. Por supuesto que antes de todo esto, ya hemos dejado dentro el armazón que sostiene la piel y dentro de este el maravilloso animatronic que hace moverse a la araña.

En cuanto al pez monstruo, volvió con nosotros enseguida que estuvo recubierto de láminas plateadas, éramos los responsables de él, sus guardianes tutores y como en un circo, los que haríamos que aquello, tuviera “vida” y se comportara como tal.

Pez monstruo. Se puede apreciar parte de la mecánica que lo movía.

Y llegó el momento de probarlo en una piscina, y allí los tres, Colin, Antonio, y el bicho se pasaron a remojo durante tres días. “¡Hay que quitar peso de un lado!, ¡Que no!, que hay que poner mas peso, mejor si lo añadimos en la cola...¿no?, ¡Que se hunde!. La cabeza... ¿no debería estar mas sumergida? ¡ Cuidado!, ¡que se voltea!”... Y así hasta el infinito.

Cuando nos lo devolvieron, estaba rebosando de agua y pesaba un montón mas de lo que debiera, también se le había abierto alguna junta (las costuras de unión de cada pieza), teníamos que repararlas, unirlas de nuevo y por supuesto sacar el agua y secar el animal. A partir de ese momento y durante los días que duró el rodaje, unas tres semanas, este fue mi trabajo diario y mi pesadilla.

Arnold en una pausa del rodaje

Arnold Schwarzenegger dando muerte al pez monstruo.

El rodaje con el pez se hacía en una enorme piscina-plató, donde se construyó una cueva submarina. Todo el decorado se asentaba en una enorme plataforma que subía y bajaba, sumergiéndose en agua, o saliendo a la superficie según era necesario. Los chicos de efectos hidráulicos, construyeron una especie de tobogán donde atornillado, cabalgaba el monstruo, siempre semi-sumergido en agua y siempre nadando a velocidad de vértigo. Aquí era donde al descubrir al protagonista y a sus acompañantes intentando entrar al castillo, el guardián aparecía bastante malhumorado y atacaba, peleaban y al final moría el bicho como estaba escrito en guión. Así contado, pues eran como diez minutos máximo en una secuencia y ya está... Pero rodarlo... eso fue otra cosa. Según pasaban los días, las juntas o costuras del monstruo se abrían mas y mas, el agua entraba dentro del cuerpo y este era lo mas parecido a una esponja gigante que chupaba agua (coloquialmente hablando) “por un tubo”. Al final de cada rodaje, teníamos que ponerlo a escurrir en una especie de grua-artilugio que construyó Colin para nuestro “pet”, y con secadores de mano intentábamos secar las partes a unir, para después, pegar con cola de contacto. Botes y mas botes de cola de contacto que nos tragábamos diariamente. Llegó un momento que no podíamos quitarnos el pegamento de las manos, no había tiempo, ni ganas, ni como. Las teníamos recubiertas como de una segunda asquerosa piel ennegrecida, hasta el punto, que cuando salíamos a cenar a las típicas trattorias romanas o donde surgía, Dorothy y yo, ocultábamos nuestras manos para evitar la mirada recelosa de los camareros, pues no se sabía si teníamos una enfermedad de la piel o qué... pero claro, los cubiertos había que manejarlos de algún modo y tuvimos que tomar una decisión. Nos compramos unos guantes de piel preciosos y cada día cuando salíamos del Estudio, nos los poníamos y ¡a cenar! .El comer con guantes no dejaba de ser una experiencia interesante, ahora nos miraban por “snobs”, lo malo de esto es que aunque la comida fuera deliciosa, no había modo de “chuparse los dedos”. Y así continuamos durante semanas yendo a cenar, o a los partys que se organizaban de vez en cuando, con nuestros guantes (ya teníamos dos pares para cambiar) y de todas las señoras, seguro éramos sino las mas elegantes, sí las mas extravagantes

Pegando al pez monstruo en el set

Recuerdo especialmente una de las fiestas que dieron en el Estudio. El director, Richard Fleischer cumplía años (bastantes) y algún atontado tuvo una estúpida idea. Cuando ya era la hora de los postres, entraron en el sitio una gigantesca tarta y de la tarta... ¡salió una señorita bailando!, bastante desnuda, bastante provocativa, lo suficiente para que todos pensáramos que era un regalo de lo mas vulgar que se le puede hacer a nadie. Hubo sonrisas cortadas, chistes y enseguida alguien tuvo la feliz idea de sacar a la chica de allí para alivio del director, y de todos nosotros.

Richard Fleischer

Mientras, los días se sucedían y la pesadilla iba en ascenso. El monstruo se deterioraba mas y mas, tanto por el agua que absorbía como por la paliza que soportaba dando vueltas en el tobogán. En cuanto cortaban para cambiar luces o lo que fuera, nosotros pedíamos que subieran la plataforma para acceder al monstruo sin necesidad de bucear y remendarle como podíamos. En los últimos días ya ni siquiera intentábamos pegarle, lo cosíamos con alambre, lo que producía mas desgarros, pero no se podía perder tiempo, un minuto de rodaje esperando por nosotros suponía mucho gasto de dinero. Nos preguntaba Pepe L. Rodero (de dirección): “¿Cuánto tiempo para arreglarlo?”. Y Colin siempre contestaba “10 o 15 minutos... máximo”.

Brigette Nielsen y Colin Arthur en el set.

Pero, no era verdad, siempre necesitábamos mas tiempo y Pepe se cabreaba con razón, nos llegó a decir: “Pedir mas tiempo del necesario... así no me tengo que enfadar...”

Al fin un día, los planos importantes estaban hechos, los contraplanos cortos de Arnold peleando, ya no necesitaban al monstruo, y las hadas buenas (en este caso disfrazadas de grúa), se llevaron aquel deshecho de criatura, liberándonos definitivamente de su presencia. Mas tarde el montador, con su buen hacer, convertiría dos meses de trabajo, de sufrimientos y también de alegrías, en poco mas de dos o tres minutos de película en pantalla. ¡Ah! Y nuestras manos... pues poco a poco se fueron recuperando hasta llegar a ser normales. Desde entonces, nunca mas he vuelto a usar guantes, los tengo manía.

El resto del trabajo era pan comido, la araña hacía lo que se le pidiese en el set; andaba para atrás, para adelante, movía la boquita,... enseñaba sus colmillitos, en fin, un encanto. Solo tenía que reponer algunos de sus pelos cuando volvía de rodar, se la peinaba y lista para el siguiente día. No diré que me encariñara con ella, para nada, pero yo estaba agradecida de que diera tan poca lata y me la traje a nuestra casa de Madrid cuando terminamos la película. Aquí ha vivido con Colin y conmigo unos años colgada del techo de las escaleras que llevan al garaje, hasta que nos la robaron...

Pero eso, es otra historia.
-.-.-

Autora: María Luisa Pino

En este blog también han colaborado: Ángel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

Algunas curiosidades de la película:
- Fue rodada en distintos lugares de Italia como Celano, la región de Abruzzo y en los estudios cinematográficos de Stabilimenti Cinematografici Pontini, en Roma.
- La esposa de Arnold Schwarzenegger, Maria Shriver, le dijo a su marido el día de la premiere: "si esto no acaba con tu carrera, nada lo hará".
- José López Rodero: Uno de los mejores Ayudante de dirección españoles en producciones extranjeras en España. Participó entre otras películas en : Cleopatra, Salomón y la reina de Shaba, Papillon, Golfus de Roma, Alejandro Magno o Conan.
- En los efectos especiales y maquetas, participó un "genio" de ellos, Emilio Ruiz del Río.

Notas:
(1) Dichas láminas (hechas de un material plástico no cortante), las colocaron recortadas una a una en cada escama del original, con lo cual el bicho no estaba rígido en absoluto y podía moverse a su antojo.

domingo, 15 de mayo de 2011

¿Hablamos de papá?

José Pino Matarranz

José Pino comenzó a trabajar en los Estudios CEA en el mismo momento que se inauguraron y como dibujante de los estudios.

Componentes de los estudios CEA que intervinieron en la película “Agua en el suelo”.

Era el año 1933 y “Agua en el suelo” fue la primera película que se rodó allí. Supongo que Pino haría los títulos de la película, posiblemente el plan de trabajo (donde se indica los días que ruedan, noche o día, exterior o interior, lo que se hará en teoría cada día de la semana, quien actúa y cuando y la duración estimada en semanas del rodaje, etc...).


Rótulos realizados para la película “Una de miedo” por José Pino.

Recuerdo que se dibujaba en papel vegetal y a tinta china y con unas dimensiones de metro por sesenta o así. Los títulos se dibujaban en papel negro (parecido al llamado “guarro”) y también a tinta china, blanca, uno a uno y con medidas de unos 40 por 25 centímetros, más o menos.

Muestra de cómo se elaboraba un dibujo para títulos de películas.

Más tarde y dependiendo sí se rodaban las películas en color, lógicamente se dibujaba con colores. Otra cosa; si los títulos tenían un fondo de lo que fuere, entonces se dibujaban las letras en cristales o en papel transparente para que por detrás pusieran el fondo elegido. Recuerdo estas cosas porque siendo yo pequeña, a veces corrían mucha prisa estos trabajos, y Pino se los traía a casa y yo le ayudaba a rellenar las letras que él perfilaba con la tinta china. Esto fue hasta que comenzaron a hacer estas cosas y otras muchas a máquina, entonces, poco a poco él, dejó de hacer títulos.


Es posible que en esa primera película de CEA también se ocupara de hacer los planos de los decorados, es decir: Hay que hacer una habitación con dos puertas, y un salón de tantos metros y luego una escalera, etc... pues esto se dibujaba a escala y luego este dibujo se pasaba en sus medidas naturales al suelo del plató para su construcción. Esto, en líneas generales.

Con el tiempo, los trabajos fueron cambiando según los clientes y el modernismo reclamaban y los empleados de CEA se fueron adaptando a otras labores y en el caso de Pino, en los últimos años estuvo en la oficina de CEA encargado del trato a los clientes como segundo del director del estudio León Lucas de la Peña. ¿Qué hacían?: Pues organizar los horarios de las cosas que se necesitaban, para que no coincidieran unos clientes con otros en el mismo sitio y con las mismas exigencias. Por ejemplo: Se necesita tal plató para tal día, o: La sala de proyección a tal hora para visionar lo que fuere, o: Las mezclas de la película tal, irán el día cual ... etc... También tenían que tener a punto máquinas que eran propias del estudio (moviolas, proyectores, focos, etc), y el personal que hiciera falta en cada caso y según los contratos con las productoras. Todo esto a grosso modo es lo que se cocía dentro de las oficinas de dirección.

José Pino y Sigfrido Burmann en el departamento de decorados de la CEA.

Otra de las cosas de las que se ocupaba Pino era del botiquín o enfermería. El había hecho algún año de medicina antes de ser delineante y como entonces todo el mundo valía para muchas cosas, pues si había algún accidente Pino lo socorría; inyecciones, él ha puesto todas las del mundo; curar heridas, pues también él. En fin era algo parecido al tres en uno, pero lo cierto es que la gente le apreciaba un montón, pues atendía a todo el mundo aunque no fuera de su incumbencia ya que en ocasiones las gentes que vivían en los alrededores (Ciudad Lineal era como un pequeño pueblo entonces) y que le conocían, iban a la CEA a que les curara, o a ponerse la inyección que fuere, y siempre por la cara.

Según se fue terminando el hacer trabajos de dibujo para el Estudio (porque las productoras contrataban a sus equipos “Free lance” y los traían consigo), los fijos de CEA tenían menos trabajo, por ello Pino se contrató con Paco Asensio, constructor de decorados, que tenía alquilado una parte del estudio habitualmente.

Allí trabajaba con gente como Burmann y otros genios de entonces, por las mañanas dibujando decorados y en las tardes seguía en la oficina de CEA. La zona de Asensio estaba ubicada donde en los primeros tiempos estuvieron los montajes, y que después del último fuego (la película entonces ardía como la yesca) decidieron trasladarlos a otro lugar menos habitado y alejado de la parte principal.

María Fernanda Ladrón de Guevara con José Pino haciendo un “camuflaje” con aerógrafo.

Con el tiempo los estudios en general fueron decayendo porque las productoras preferían rodar en exteriores y aunque se construían decorados de interior, en muchos casos lo hacían fuera, en otras localizaciones. Pero había una plantilla de trabajadores fijos a los cuales había que pagar cada mes, gentes que como ya he dicho, en muchos casos no tenían trabajo que hacer... En el caso de CEA, y después de hacer algunas películas “grandes americanas”, decidieron cerrar y vender. Creo que la última película grande que se hizo allí y que les reportó grandes beneficios, fue “Doctor Zhivago” años 60. Después rodaron una o dos películas pequeñas, pero el fin del estudio estaba cantado.

Mi padre se prejubiló, siguió haciendo algún trabajo esporádico en decoración “Free lance” por algún tiempo, y mas tarde comenzó a traer la barra de pan diaria y el periódico a casa y sin darse cuenta se convirtió en chofer de mamá, de las tías viudas, y también de las solteras... pero para entonces ya había dejado de afilar lapiceros y tenía guardado el compás en su caja forrada de terciopelo negro.
-.-.-

Autora: María Luisa Pino

En este artículo han colaborado: Ángel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

lunes, 2 de mayo de 2011

Conan el Bárbaro en Hollywood – 3ª parte y Fin



Estábamos a principios de Junio cuando llegamos a Los Ángeles. La productora me tenía alquilado un apartamento muy cerca de donde estaban los montajes. No mas de diez minutos andando hasta Rodeo Drive, allí estaban las oficinas de Dino de Laurentiis y también las salas de montaje.


Aquí miles de metros de película nos esperaban después de su periplo por las aduanas españolas y norteamericanas. Habían pasado unas dos semanas desde que enviamos la película desde Almería.

Ahora sí que teníamos que trabajar. El director John Milius empezó a venir regularmente a montaje para ver lo montado, dar su opinión y seguir editando las secuencias como él quería. Y empezó a ver rollos y rollos de película, todos los que no había tenido tiempo de ver antes. De entrada, un director no descarta mucho, la película es su “bebé” y todo es estupendo con la criatura, por lo que se montaban las secuencias enteras de arriba abajo aunque fueran largas y se supiera que al final serían cortadas. Las moviolas no paraban de pasar película y los montadores ahora ya no podían ir a jugar al golf... Éramos seis personas, las mismas que estuvimos en Almería hasta el último minuto, con excepción de mi ayudante española que se quedó en casa. Enseguida empezaron a contratar mas ayudantes, no éramos suficientes para tanto trabajo. Uno de los nuevos se encargaba de las relaciones con el laboratorio pues empezaron a pedir pequeños trucos para ver como quedaba esto o aquello, probando con los encadenados o los cambios de color (secuencia de los cuerpos humanos que había que ver y no ver), etc... Solo para estos “juegos” teníamos un auxiliar de montaje. Los demás: preparar secuencias para los ahora “hambrientos montadores”, atender al director, a las visitas, y con esto era mas que suficiente. Ahora ya no éramos divertidos seres humanos haciendo una película. De la noche a la mañana nos convertimos en algo parecido a esas gallinas ponedoras de huevos, que, alineadas en jaulas, no hacen otra cosa que cumplir con su cometido, poner huevos, con la diferencia de que nosotros poníamos rollos de película (en las moviolas). Así pasaron unas cuantas semanas, y aunque no era tan divertido como antes, pues se podía aguantar. Los fines de semana para mí eran lo mejor, pues veía gentes con las que había trabajado en tal o cual película y Colin y yo los visitábamos aunque estuvieran muy lejos...Pero al cabo de un mes “my better half” (marido), se hartó de dar vueltas por Los Ángeles y se marchó a Europa a preparar una película alemana.

No recuerdo cuanto tiempo había pasado desde nuestra llegada, pero John Milius también nos dejó, porque su contrato había terminado. Y claro, la película apenas estaba esbozada de montaje. El director se despidió un sábado de nosotros y al lunes siguiente entró en montaje el productor Dino de Laurentiis y ya no salió de allí.

Dino y Raffaella De Laurentiis

Él era el que mandaba. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de porque en Almería decían aquello de “Iros a jugar al golf”. El productor quería montar la película como consideraba que era mas comercial y como era quien que pagaba ¡pues tenía toda la razón!. Así que una vez terminado el contrato con el director... él llevó el timón del barco. ¡Y por Dios que sabía lo que quería!.

Algunos os sorprenderéis de este juego tan sutil, yo también estaba sorprendida de que un director tan importante dejara una película así, pero ahí estaba la astucia del contrato: Tantas semanas de rodaje, equis de montaje y fuera. Claro que sí la película hubiera estado mas adelantada de montaje... pues el director hubiera tenido mas tiempo para decir lo que quería... No sé, igual se fue tan feliz a preparar otro trabajo... Nunca lo sabremos.

Lo que sí sé, es que en cierto modo esto es mucho más inteligente que las controversias que ocurren en tantas películas, en las que productor y director no están de acuerdo en el montaje a la hora de quitar cosas o poner, y en consecuencia las batallas que se organizan son terribles. Yo he presenciado muchas veces grandes problemas entre ellos, y los montadores siempre estamos en medio de la lucha. Recuerdo una película española en la cual lo que decía el director por las mañanas, en las tardes nos lo hacía quitar el productor o viceversa. La mala suerte es que el productor estaba enc.....do con la protagonista y había producido la película por y para ella, y el director ...pues no tragaba a la chica porque entre otras cosas era muy mala actriz. El productor quería que la pusiéramos todos los primeros planos posibles y el director solo la aguantaba en planos generales... La montadora tuvo una subida de tensión al cabo de unas semanas que casi se nos muere. Quiso dejar la película porque aquello se convirtió en un infierno, yo también quise irme, pero como al final ella siguió, yo también continué, apoyándonos la una en la otra como mejor podíamos...

Arnold Schwarzenegger como Conan el Bárbaro.

Por esto lo de Conan me pareció tremendamente civilizado y hasta comprensible. El dinero es del productor y naturalmente ¡quiere velar por sus intereses!. Es por esto que cuando un director quiere hacer lo que le da la real gana, el mismo produce su película y la dirige. ¡Así no hay problemas!.

Volviendo a Conan, a partir de un cierto momento empecé a estar saturada del ambiente de montaje, ya no era lo de antes, muchos ayudantes, y mas que vendrían y también estaban anunciados los montadores de las bandas de sonido y mas tarde vendrían los de la de música ...yyy ¡Estaba harta de las hamburguesas y de las pizzas! y de ir sola a comer al restaurante de la esquina...Los demás comían: una manzana, o un helado, o un cóctel de vitaminas, en la sala de montaje. Ir de restaurante cada día, pues ellos no. Yo, sí hacía mi receso a la “semiespañola”. Una hora de comida insípida y aburrida. Le tuve que pedir a Raffaella (la productora), que me diera mas dinero de dietas, me preguntó que era lo que me gustaba comer y por qué no me alcanzaban las dietas. Le recordé que ella era italiana y que los latinos estamos acostumbrados a comer bien. Lo entendió perfectamente, me dio mas dinero, siempre tuvimos buen rollo. Aprovechamos aquella conversación para aclarar que no iba a quedarme hasta el final de la película, y acordamos que en cuanto yo pensara que todos los nuevos ayudantes estaban al día de lo que pasaba en montaje, yo estaría libre de marcharme a “mi casaaaaa…”. Y así lo hice, estuve unas cuantas semanas mas y les dije: ¡Adiós, Chao, Good bye! . Sin pena alguna. Realmente estaba HARTA. Antes del regreso me quedé unos días en casa de mi amigo el montador Stan Allen.

Aproveché para mirar detenidamente las tiendas de Rodeo Drive y pasé mas tiempo con mis amigos. Uno de los últimos días antes de mi marcha nos encontramos (los Allen, sus niños y yo) a Arnold “Conan” en un restaurante de aquella zona. No le habíamos vuelto a ver desde Almería. Vino a nuestra mesa a saludarnos en cuanto nos vio. Los niños aprovecharon para pedirle autógrafos. Charlamos un ratito y... fue la última vez que vería en persona al gobernador de California. Esto es lo que yo pensaba, pero no ocurrió así, ya que con el tiempo le volví a ver en Roma, en la película “Red Sonja”.

Pero eso... es otra historia.

-.-.-

Autora: Maria Luisa Pino

En este artículo han colaborado: Ángel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.