miércoles, 19 de diciembre de 2012

Rita Hayworth - Misceláneas II




Allá por el 61, estábamos montando en Sevilla Films “El ultimo chantaje” (The oldest confessión). El montador era Oswald Hafenrichter y por parte española estaba Juan Serra, montador, y dos ayudantes: Magda y yo.

Los actores principales: Rex Harrison y Rita Hayworth. En esta película el productor era el marido número no sé cuantos de Rita, James Hill.

A estos famosos  actores, los encontrábamos habitualmente en el pase de proyección de lo rodado el día anterior, pero no tuvimos gran trato directo con ellos. A Rex Harrison le veíamos comer siempre solo en el restaurante del estudio, normalmente cuando nosotros llegábamos él estaba en los postres, y siempre miraba hacia el plato para no saludar, con lo cual todos le ignorábamos tal como quería. Los camareros nos decían que era antipático, engreído y elitista. ¡Y por Dios, que era cierto!

Rita solía irse con su marido y otros compañeros a Maite Conmodore, que entonces estaba un poco mas abajo de la Plaza del Perú y por tanto cerca de los estudios,  Rex no se apuntaba. Este restaurante era muy popular entre la gente de cine y era el mejor que había en  la zona comprendida entre los estudios Chamartín (Buñuel ahora) y Sevilla Films (Alcampo actualmente).

Era verano y durante las vacaciones del colegio vino a pasar un tiempo con su madre Yasmina Khan, la hija de Ali Khan y Rita, entonces la niña tendría unos doce años. Era una chiquilla larguirucha y, de momento, nada atractiva. La recuerdo jugando en el jardín de nuestro montaje, cuando se aburría de estar con su madre. También participó en uno de los rodajes en el museo del Prado. Eran unos planos de un grupo de turistas visitando el museo y ella iba con Rita. Se la ve en la película fugazmente.


En montaje, no teníamos grandes problemas y nuestra vida trascurría placida, hasta que un día se cargaron al montador. No, no le mataron, le enviaron de vuelta a Inglaterra porque no gustaba como iba montando la película. Estas cosas son siempre desagradables para el que se va y también  disgusta a los que se quedan, pues al ser mini-equipos, trabajando juntos muchas horas a diario, normalmente se crean buenas amistades y claro, decir adiós al jefe porque le echan... resulta fuerte. Vino otro montador, Russ Lloyd, Serra ya había trabajado con él y bueno, nos hicimos al actual y pasamos página. No recuerdo cuantas semanas duró el rodaje, pero terminó, y solo quedamos nosotros trabajando otras cuantas semanas para tener un primer montaje bastante organizado, ya que hubo que deshacer todo lo montado anteriormente y rehacerlo.

Montador (mas tarde defenestrado) Hafenrichter, ayudantes Magda , Marisa y Juan Serra (comontador).

Mientras, producción fue cerrando pagos a los estudios y a proveedores varios. Al final  éramos tan pocos que a la hora de la comida se reunía con nosotros el contable de la película para no estar solo. Este hombre llevaba la producción y cualquier cosa que tuviera que ver con montaje nos lo tenia que resolver, él estaría hasta que termináramos la parte del trabajo que se hacía en Madrid. Este “contable” (de cuentas) nos “contó” (de cotilleo) lo que sigue, mientras comíamos un día cualquiera. Aquella mañana acababa de recibir un telegrama desde U.S A. (entonces se comunicaba la gente de este modo),  dirigido a producción, al ser el único responsable que quedaba en la oficina lo abrió y leyó, era de Rita Hayworth a su marido, decía algo como esto: “Cariño, supongo que te habrás enterado por los periódicos que me estoy  divorciando de ti, cuando regreses  hablamos con los abogados. Love you”


Hace cincuenta años, estas cosas, aquí en España, no las habíamos oído nunca y francamente, nos pareció bastante peculiar y expeditivo este modo de terminar un matrimonio. ¿O no?
-.-.-

Autora: Maria Luisa Pino.

En este blog colaboran: Angel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Kirk Douglas - Misceláneas I



Hace unos días, alguien me preguntó: ¿Cómo era Kirk Douglas? ¿Le trataste en “La luz del fin del mundo”? ¡No sería tan borde como cuentas que era Charlton Heston!

No, no lo era, yo le conocí en los Estudios Moro de Madrid, allí montábamos la película de la cual era productor además de actor. Mi primer encuentro con él fue en la sala de proyección, un día que pidió ver parte de los rodajes hechos en la Costa Brava. Bert Bates, el montador  de la película, me pidió que le atendiera y estuviera con él en la sala, por sí necesitaba cualquier otra cosa de nosotros, el variopinto equipo de montaje.

En la foto está mi padre en el puente de la Cea. Se ve al fondo RCA, donde más tarde estuvo ubicado Estudios Moro.

Entregué a los proyeccionistas las latas de película y me senté a esperar algo nerviosa por la categoría del mítico personaje que iba a conocer. El llegó puntual, acompañado de su esposa, yo me levanté de la butaca y salí a su encuentro:

- ¿Es usted la responsable de montaje?

Le dije que si

- Soy Kirk Douglas, mi mujer ...-dio su nombre- y usted... ¿Se llama?

-  Maria Luisa –contesté-

- Bien, encantado de conocerla  -yo si que estaba encantada de estrechar su mano-. Si está todo preparado, podemos empezar cuando quiera.

Año 1970. Con Kirk Douglas y el director Kevin Billington en el set, mi moviola y yo. Película: “The light of the end of the world".

Pulse el botón de “Adelante” que comunicaba con la cabina de proyección y aquello se puso en marcha. Visualizamos unos cuantos rollos de película recién rodada y algunas secuencias que ya tenían hecho el primer montaje. Cuando terminó todo y se encendió la luz, se acercó a la mesa donde tomamos notas, me dio la mano y las gracias y se fueron. Unos días más tarde tuve ocasión de volver a tratarle, rodaban interiores en el estudio y de dirección, pidieron una moviola para el plató y la película con las secuencias ya filmadas que deberían coincidir con las que se rodaban en el momento. Y también me tocó a mi estar en este trabajo con la moviola. Fue entonces cuando alguien tiró una foto en la que están  Kirk Douglas, Kevin Billington (director) y servidora. Los días que estuve en el set siempre fue muy amable y nunca olvidaba mi nombre (cosa rara en este tipo de famoso). Más tarde me dio un afiche de la película con su autógrafo, dándome las gracias por mi trabajo. ¡Y sin haberlo pedido!.

Aflche de la película firmado por Kirk Douglas

Resumiendo, al amigo que me hizo la pregunta de cómo era, mi respuesta fué: ¡Un encanto de persona! Esto nunca lo diría de Yul Bryner, que estaba también en la película, y tenia fama de ser bastante borde, al menos, eso decían de él todo el que por alguna razón se había cruzado en su camino. ¡Y fueron bastantes!

-.-.-

Autora: Maria Luisa Pino.

En este blog colaboran: Angel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La empresa familiar Matute Hermanos y el cine


Local en la calle de Caballero de Gracia números 19 y 21, la foto debe corresponder al año 1900 más o menos.

La fundación de la empresa data de 1º de Julio de 1879, por D. J. Gómez y D. L. Matute, en la calle de Caballero de Gracia números 19 y 21 (en la misma acera del actual Real Oratorio de Caballero de Gracia), con la denominación de GOMEZ Y MATUTE.

Cuando se iniciaron las obras de la Gran Vía, esa casa fue derribada, pasando la empresa familiar a la calle del Barquillo número 6, y con la denominación de S. MATUTE, al separarse del negocio el Sr. Gómez.

A partir de 1911, y en el nuevo local de la calle del Barquillo, D. S. Matute, sobrino carnal de D. L. Matute, con el nombre comercial de S. MATUTE.

Posteriormente  y en el mismo lugar, volvió a cambiar de nombre y se denominó MATUTE HERMANOS, S.L. al asociarse varios hermanos en la empresa familiar.

D. S. Matute y su hermano D. M. Matute, con el nombre de MATUTE HERMANOS S.R.C.

Local de la calle del Barquillo, foto fechada en 1933.                                    

A partir de 1985 , fecha de fallecimiento de D. M. Matute -su hermano ya había fallecido unos años antes-, pasó a denominarse MATUTE HERMANOS S.L. y sus socios eran los seis hijos de D. M. Matute, pero sólo como socios activos trabajaron tres en la empresa familiar.

Foto de 1982

El taller de montaje y ensamblaje de piezas de aparatos de iluminación se encontraba en la calle de Fuencarral número 16 duplicado, el año 1940, ya que anteriormente a esa fecha se montaban en la "trastienda" pues era un local bastante grande. Al quedar libre el piso primero de dicha calle de Fuencarral (la finca era de la familia), y por ser un piso muy grande, se aprovechó como taller. En los últimos años de la empresa Matute Hermanos S. L. se volvió de nuevo a la “trastienda”, al venderse la finca entera de la calle de Fuencarral. Todo el trabajo de fundición en bronce, se realizaba con modelos propios, en la calle de Alonso Cano, donde se encontraba una fundición que realizaba dichos trabajos, así como para otros.

Foto actual. (Panoramio@Manosbrujas-Google).

Actualmente en la calle del Barquillo, entrando por calle de Alcalá y nada más pasar el Instituto Cervantes (Barquillo 2 y 4, edificio de arquitecto Antonio Palacios, que antes era el Banco Central), se puede ver perfectamente la portada de la antigua tienda, magníficamente restaurada y hoy adquirida y ocupada por las oficinas de ARQUIA, CAJA DE ARQUITECTOS.

La empresa fue fundada en 1879 y desaparecería en el 2002 por falta de continuidad familiar.

La escenografía y ambientación en el cine español.
Es la creación con objetos de uso cotidiano, tales como muebles y otros  elementos, de la atmósfera requerida para las escenas en los lugares de rodaje.

Trabajos realizados para la película 55 días en Pekín, por Matute Hermanos.
Se adjuntan cuatro bocetos del archivo MATUTE HERMANOS S.L de "dibujos de taller". Los cristales de las lámparas y apliques de los bocetos números 1, 3 y 4; iban decorados a mano con colores muy intensos: "Decorado Sévres Rojo", sobre fondo blanco, como se puede apreciar al ver la película; y el nº 2, llevaba la tulipa de cristal en color verde inglés.

Boceto nº 1 corresponde a la lámpara de billar.

Boceto nº 2 corresponde al velón de bronce fundido de la mesa del despacho de la embajada inglesa de la película.

Fotograma de la película, en la que se puede ver el velón de bronce fundido.

Boceto nº 3 corresponde a las lámparas-quinqué del bar.

Boceto nº 4 corresponde a los aplique-quinqué a juego de las lámparas anteriores.

Foto del velón de bronce fundido.

Se hicieron los aparatos de iluminación artísticos para la película "55 DIAS EN PEKIN", lámparas-quinqué en bronce fundido para el salón, con sus apliques de pared a juego, la lámpara quinqué para la mesa de billar y arañas de cristal para el salón de baile que encargó la productora Samuel Bronston. Esta película se rodó en los estudios Chamartín y en Las Rozas-Las Matas, entre otros sitios.

En cuanto a otras colaboraciones para el cine, se hicieron algunos encargos de los decoradores (Rafael Palmero, Pirro, Gerardo Rueda y otros más) o que se compraban directamente en el comercio de la calle del Barquillo, pero sin saber para qué película se trataba.
-.-.-

Autor: Ángel Caldito.

Mi agradecimiento a D. Fernando Matute, por la información y documentación aportada para el artículo.

En este artículo han colaborado: Ricardo Márquez  y José Manuel Seseña.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El cine Ciudad Lineal


Una imagen tomada desde el propio edificio del cine Ciudad Lineal donde se ve el cruce de  las calles Arturo Soria (tranvía) con la carretera de Hortaleza, actual López de Hoyos, (autobús).

En el año 1959 la Ciudad Lineal aún era un tremendo barrizal donde tan solo algunos tramos de su calzada habían sido asfaltados o adoquinados. El cruce de la antigua Carretera de Hortaleza con la Calle de Arturo Soria era uno de esos puntos donde el transito era mayor, sobre todo por las gentes de los barrios de Hortaleza y Canillas. Allí, donde el límite de los taxis cambiaban de zona y en un lugar de creciente remodelación, se construyó un nuevo cine que llevaría anexo una sala de fiestas, el Cine y Club Ciudad Lineal.

Nuevamente aparece en nuestro camino la familia Reyzábal, en este caso el cinematógrafo será propiedad de Milagros, una de las hijas de don Julián Reyzábal (abuelo), uno de los clanes con más locales de espectáculos en la capital y que vivirán de este negocio generación tras generación.
El proyecto fue llevado a cabo por el afamado arquitecto vasco José Luis Sanz de Magallón que tomará mucho más renombre al cabo de los años cuando se dedica no solo al mundo de la arquitectura, sino también al de la pintura, siendo premiado por ello en varias ocasiones, y que trabajó con la familia Reyzábal en varias ocasiones.

En unos terrenos hasta el momento despoblados pertenecientes a la manzana 79 de la obsoleta Ciudad Lineal y colindando con un antiguo hotelillo conocido como Villa Sol, se levantó este nuevo inmueble de cuatro alturas destinados a viviendas con fachadas a tres calles, López de Hoyos 305, Arturo Soria 195 y Vicente Muzas 12.

Una imagen de los años 60 donde se ve el emplazamiento del inmueble.

Detrás del bar Jacinto, al otro lado de López de Hoyos y a la izquierda del solar que se ve, se levantaba el Cine Ciudad Lineal, en la parada 10 del tranvía.

Había muchísimo desnivel entre la calle de Vicente Muzas y la de López de Hoyos, unos 3,50 metros aproximadamente, lo que facilitó la construcción de la sala de fiestas.

El edificio de viviendas era realmente casi todo fachada, ya que la gran parte del solar estaba invadido por el patio de butacas del cine. Bajo las viviendas y ocupando la curva que ofrecía la esquina evitando de esta forma ser tan precipitada, se dio entrada al local de espectáculos cinematográficos, dejando el acceso a la sala de fiestas en la calle de López de Hoyos, justamente debajo del patio de butacas.

Alzado continuado a las calles de López de Hoyos c/v a Arturo Soria.

El edificio se construyó con estructura de hormigón armado salvo la cubierta del patio de butacas para la cual se utilizó una estructura de cerchas de hierro y planchas de “Uralita”. En sus fachadas eran de ladrillo visto solo adornado por paños de “Gresite” gris bajo los huecos de ventanas. Sobre la entrada del cine se colocaron dos marquesinas de hormigón armado con cierto aire racionalista y que enmarcaban el espacio destinado a las carteleras.  Debido al desnivel existente en la calle, la entrada estaba precedida de varios escalones tras los cuales y atravesando las grandes puertas de cristal encontrábamos el vestíbulo. Este era muy alto, adornado con sencillez; toda la entrada era una gran escalinata en curva que desembarcaba en un espacio de encuentro con las escaleras que accedían directamente al entresuelo y que el arquitecto había colocado estratégicamente para realizar un desalojo muy rápido y ordenado.

Inédita imagen de la entrada al cine Ciudad Lineal en su primera época poco después de su inauguración.

En esta planta estaban los aseos de señoras, dejando los de caballeros en el sótano junto a la caldera de calefacción y el clima artificial de refrigeración. El resto de la planta baja estaba ocupada por un largo corredor que iba ascendiendo para conseguir alcanzar la entrada a las localidades más alejadas de la pantalla y que desembocaba en otra escalinata de acceso al entresuelo, y en una puerta de salida en caso de emergencia a la calle posterior. Se accedía al interior del patio de butacas por medio de tres grandes huecos de dos hojas, cada uno se habían situado lateralmente. En la parte posterior junto a la última fila, una cuarta puerta daba salida directa a la calle posterior de Vicente Muzas.

Anteproyecto de la planta baja del cine Ciudad Lineal, sobre él se realizaron  algunas pequeñas modificaciones.

El pasillo que estaba junto al vestíbulo de entrada y que iba dando entrada a las diferentes localidades. Al fondo la puerta de acceso a las escaleras del entresuelo.

El arquitecto puso especial cuidado en la distribución de las escaleras de acceso al piso alto, creando varios grupos de peldaños separados por vestíbulos, lo cual confería una subida menos pronunciada y más agradable para el público.

El patio de butacas, que tenía un pronunciado desnivel hacia la pantalla, estaba recorrido por un gran pasillo central y otros dos laterales. Las paredes tenían un alto friso de dos metros de madera, dejando el resto de los paramentos verticales entelados. Rompían la amplitud de estos altísimos paños los plafones de iluminación que reforzados por las lámparas ocultas tras las molduras de escayola en el techo del entresuelo y principal inundaban de luz la sala. Los suelos estaban cubiertos de “sintasol” grisáceo y sobre él 741 butacas que componían el aforo del patio, estas eran muy cómodas, construidas con tubo metálico y asiento abatible. Los techos tenían grandes molduras escalonadas que escondían la iluminación y las salidas de ventilación, confiriendo al local una decoración muy moderna.

Un aspecto del conjunto del patio y entresuelo del moderno cine Ciudad Lineal.

El patio de butacas se estrechaba hacia la pantalla, teniendo en su fondo 20,50 metros y en la parte opuesta, a la de la pantalla 16,20 centrando todas las miradas de los espectadores a ésta. La pantalla se elevaba aproximadamente un metro sobre el suelo y ocupaba de lado a lado del local marginándose lateralmente únicamente por los cortinajes y, superior e inferiormente, por tableros retroiluminados que embellecían e iluminaban el escenario.

La pantalla vista desde las últimas localidades del patio.

Anteproyecto de la planta primera del local, obsérvese su funcional esquema.

El acceso a la planta superior se realizaba como hemos indicado antes por dos tiros de escalera, uno situado a la entrada de la sala junto a la puerta principal y otro al fondo del gran pasillo distribuidor junto a la calle posterior. Ambos desembocaban en un amplio vestíbulo desde donde se accedía al entresuelo. En esta planta además había aseos para caballeros y señoras, y una amplia barra de bar que se había instalado en uno de los rincones del vestíbulo quedando enfrentada a uno de los dos huecos con escaleras que daban acceso a las restantes 453 localidades conformando un total de 1.194 butacas. La decoración era idéntica a la del patio, frisos de madera y paredes enteladas. Al fondo, y tras la última fila, había varias ventanas de ventilación directas a la calle de Vicente Muzas, mientras que la cabina volaba sobre éstas un piso más arriba.

Un aspecto del amplio entresuelo, sobre las últimas filas la cabina de proyección.

Sin duda alguna era un excelente local de proyecciones, muy confortable, seguro y moderno, contaba con todos los sistemas de extinción en caso de incendio, extintores y bocas de riego, iluminación en escaleras y unos accesos inmejorables.

Junto a los aseos masculinos de la primera planta había una puerta por la que se accedía a una escalera de servicio que subía dos plantas hasta llegar a la moderna cabina de proyección. En este piso se encontraba el cuarto del proyeccionista, un aseo, un pequeño despacho y la cabina de proyección donde se habían instalado dos modernos proyectores marca Wextrex de 35 mm.


Un aspecto del entresuelo completo. Obsérvense algunos detalles como la escalera que accedía a la cabina tras las últimas filas, o el gigantesco espacio triangular desocupado tras la pantalla.

Alzado posterior a la calle de Vicente Muzas, tres de las puertas eran de desalojo del cine, la cuarta era de la sala de fiestas.

El cine se inauguró en 1961 como sala de primer reestreno con llenos en todas las sesiones. La zona era ideal para la instalación de un cinematógrafo por dos fundamentales razones: la creciente población en la zona y falta de este tipo de equipamientos en las cercanías.

Funcionó continuadamente durante muchísimo tiempo. En él además se dieron mítines políticos en los años 70. Sufrió algunas pequeñas reformas pero conservó su aspecto inicial hasta el final de sus días. Cerró en el año 1994 con la película Aladín en cartel. Es en este momento fue cuando sufrió una importantísima reforma para trasformar el antiguo entresuelo en dos salas, dejando espacio en la planta calle para otro negocio. Su fachada fue desfigurada cediéndose casi en su totalidad al local comercial que ocuparía la planta baja, y construyendo una entrada para las salas de cine junto al espacio que anteriormente había ocupado la taquilla.


Dos aspectos de la fachada del inmueble en los primeros años 2000.

La reforma duró algunos meses y consistió en crear un acceso a partir de la antigua escalinata de entrada al piso superior. Desde el ya modernizado vestíbulo de entresuelo se accedía por medio de las antiguas entradas a las localidades dando acceso a dos salas independientes, una de ellas con una extraña fisonomía ya que tenía un pilar que hacia disminuir sustancialmente el número de localidades. Conformaban un total de 343 modernas butacas las dos salas. El cine se inauguró en 1994 y funcionó con una selecta programación de estreno. La vida de los cines Ciudad Lineal fue efímera, funcionaron escasamente 12 años; en marzo de 2006 fueron clausurados y desde entonces no se ha realizado ningún tipo de reforma en el local. Su fachada fue tapiada para evitar daños y tan solo queda como vestigio del pasado sus taquillas y sus carteleras que hoy solo exhiben polvo. Su futuro es incierto, ya que ocupan las plantas altas del cubículo que se construyó anexo al edificio principal, con lo cual es complicado darle otro uso. Tal vez haya una próxima resurrección.

Aspecto actual de la triste fachada de los clausurados cines Ciudad Lineal.

Recuerdos del cine Ciudad Lineal
“El cine Ciudad Lineal era el cine de mi barrio, es más, diría que el cine de mi vida pues su inauguración coincidió casi con mi nacimiento. Como a todos nos pasa hay ciertos lugares que están ligados a nuestro desarrollo como personas y por eso los tenemos un especial cariño.

Yo iba al cine los martes que era cuando libraba mi padre. Me iban a buscar a la puerta del colegio; era el único día, el resto bajaba con mi hermano o volvía solo, y después entrábamos al cine. Esto sería sobre el año 1968 ó 69.

Era de sesión doble continua. Tengo el recuerdo que en los primeros años subíamos al entresuelo, imagino que por ser más barato. Mi madre me traía el bocadillo y una botella de plástico blanca con agua y cierre como el de las gaseosas. En ocasiones me compraban palomitas que las vendían en bolsas de plástico (no se hacían en el momento como ahora). Siempre me quedaba con ganas de una especie de Toblerone, que eran unos chocolates rectangulares rellenos con mermeladas de frutas. Venían como 6 porciones que podías partir y comer de forma individual. Los envoltorios eran  fotos de paisajes alpinos ciertamente bonitos (creo que nada tenían que ver con Suiza).

La parada 10 con sus kioscos vista desde Arturo Soria. El cine Ciudad Lineal quedaba a la derecha. Óleo de Rosim 

El bar estaba en la planta alta y sobre la barra, a mano derecha, tenían una especie de jaula donde tenían las palomitas y las patatas fritas.

Los asientos eran de skay rojo. Tenían un tacto rugoso que hacía el propio plástico. Eran irrompibles, duraron años (todos que yo recuerde), muy duros e incómodos, pero lo peor era en verano pues daban mucho calor.

El cine y su entorno era uno de los puntos de atención para todos los chavales del barrio. La cartelera ocupa toda la fachada del cine y se colocaba sobre él la marquesina. En la calle López de Hoyos ponían los grandes lienzos para la semana siguiente, y desde la esquina hasta las taquillas, en el lado de Arturo Soria, los de las películas que estaban echando, de tal forma que corrían de izquierda a derecha las pinturas todos los lunes.

El otro punto donde nos parábamos todos los lunes era en las fotografías que ponían de la película. Se trataba de un marco dorado muy grande que estaba embutido en la pared del cine, en la fachada de López de Hoyos. Ponían 15 fotografías de las películas, las 3 primeras de arriba era de la película “B”, y las otras doce de la película principal. El fondo era un terciopelo granate y la verdad que quedaba muy aparente.

Además en la plazoleta se instaló el primer kiosco moderno de periódicos del barrio, y en la esquina de Vicente Muzas había una gran tienda que era juguetería, tienda de deportes y armería; vamos, todo lo que nos encandilaba.

Hacía 1975, con ocasión de la película Terremoto y otras similares, el cine fue dotado con el sistema de sonido sensoround, aunque tengo que confesar que había salas con mucho mejor sonido en Madrid. También en esta reforma fueron quitadas un par de filas que estaban demasiado cerca de la pantalla.
Fue en está época cuando el cine fue calificado de “riguroso re-estreno”.

La primera película que recuerdo es "Sor Yeyé", sobre el año 1968. Lo vi con mi madre, mi hermana y alguna amiga suya. Era un sábado y nos sentamos en el patio de butacas, como en la fila 6, demasiado delante, y recuerdo que lloré pues me asustaba de la cantidad de gente que había (estaba acostumbrado a los martes que casi estaba vacío el cine).

Con mi hermano vi "El regreso al planeta de los simios", después al salir mi hermano me explicó el final de la película y cuanto de cierto puede haber en la ciencia ficción. Desde entonces he utilizado la ciencia para entender este mundo.

Allí vi el primer desnudo, todavía en tiempos de Franco, en la película Marco Antonio y Cleopatra, con Elizabeth Taylor y Richard Burton. Fue uno de esos martes con mi padres, y estoy seguro que miraban de reojo mi asombro al ver un trasero de perfil. Hoy pasaría desapercibido a cualquier niño.

Una tarde de primavera subimos muy pronto al cine Ciudad Lineal, mis amigos Mariano y José, con tan mala suerte que empezó un tormenta con rayos y centellas típica de las tardes madrileñas. Finalmente nos tuvimos que refugiar en una cabina que había en el otro lado de la acera de López de Hoyos. Después vimos "La isla misteriosa y el Capitán Nemo" (1973), con Omar Sharif como protagonista; y una extraña película: "Democracia", un musical que se aventuraba en los tiempos venideros.

Otras veces, nos reuníamos todos los amigos para comentar en secreto y con emoción que nuestros padres habían dicho que en no sé qué película de Janes Bone salía en los créditos una mujer desnuda.

Había una particularidad de esta cadena de cines. Entre el cine Ciudad Lineal y el cine San Blas se intercalaban las películas, de tal forma que una semana estaban en el primero y a la siguiente en el segundo. Cuando no nos dejaban pasar a ver las "calificadas para 18” en el Ciudad Lineal, junto a mi amigo cogíamos el autobús 70 y nos íbamos al San Blas a probar suerte, casi siempre lográbamos pasar.

También recuerdo que fuimos a ver "El exorcista". El lleno fue total. Lo malo es que a la mañana siguiente tuvimos que madrugar mucho para irnos de caza con los padres de Mariano y José, y todos teníamos unas ojeras impresionantes de haber dormido poco por la dichosa película.

Posteriormente, cobijado por mi hermana y mi cuñado, íbamos al último pase a ver películas para mayores, como “La jauría humana” de Marlon Brando.

La última película que vi fue "La historia interminable", todavía siendo una sola sala a la antigua usanza. Cuando hicieron multicines me negué a ir, no quería romper mis recuerdos, y además que consideraba que había “minicines” mejores.

En definitiva, el cine Ciudad Lineal era la estrella más grande del universo de mi barrio, y junto a mi familia y amigos, influyó en mi para ser lo que hoy en día soy.

Mil gracias a todos."

Sala de fiestas
Paralelamente a la apertura del cine, y como era habitual en los locales propiedad de la familia Reyzábal, nace en los sótanos del inmueble una sala de fiestas conocida como el Club Ciudad Lineal. Al local se tenía acceso a través de un gran hueco de dos puertas con fachada a la calle de López de Hoyos y que quedaba justamente bajo el escenario del cine. Desde este vestíbulo, donde además se encontraban las taquillas, descendían dos escalinatas, una a cada lado, destinadas a entrada y salida de público.

Planta alta del Club Ciudad Lineal según el proyecto original.

En la planta alta de la sala, que correspondía al primer sótano, se había realizado un gran hueco al piso inferior desde donde se podía contemplar la pista de baile y el escenario. Alrededor de este hueco, y de forma ordenada, quedaba suficiente espacio para establecer sillas y mesas dando servicio de bar a esta planta una gran barra situada en la parte izquierda con acceso a un almacén. La parte derecha del local estaba ocupada por guardarropía dejando además espacio para los accesos a la planta inferior. A través de tres escaleras se accedía a la planta de segundo sótano, una de estas además comunicaba directamente con una salida de emergencia posterior a la calle de Vicente Muzas.

Segundo sótano o planta baja de la sala de fiestas.

En la planta de segundo sótano se encontraba la pista de baile a la cual se podía acceder a través de varias escalinatas ya que se encontraba un poco más profunda que el resto de la sala. Todo el perímetro de ésta estaba rodeado de una moderna barandilla metálica con tableros de madera, idéntica a la del balcón del primer piso. Al fondo se encontraba el escenario elevado del resto desde donde a través de una pequeña portezuela se accedía a los camerinos construidos tras éste. Frente al escenario, en el otro extremo de la sala, estaban los servicios para caballeros y señoras. El resto del espacio se hallaba ocupado por sillas y mesas al igual que la planta alta.

Sección longitudinal de las salas de cine y espectáculos Ciudad Lineal.

El Club Ciudad Lineal, al igual que el resto de los locales de la cadena, contaba cada noche con música en directo, actuando normalmente dos orquestas que amenizaban las tardes y noches del local.

Publicidad de las salas Reyzábal

“Los Atómicos” en el Club Ciudad Lineal.

La decoración era muy básica pero de calidad, suelos de “Terrazo”, escaleras de piedra artificial, barandillas de hierro con tablero de aglomerado, paredes pintadas, enteladas o con friso, y columnas decoradas con “Gresite” en tonos grises. Todo muy funcional y evitando en mayor manera la utilización de materiales combustibles.

La sala funcionó simultáneamente al cine, haciendo parones para reformarse y adaptarse a los nuevos tiempos; originalmente fue el Club Ciudad Lineal, después se reformó y comenzó a tomar más aspecto de discoteca modificando su decoración y haciendo cada vez más oscuro el espacio. Se llamó City en los años 80; y más tarde, ya en los 90, comenzó su andadura más polémica y fructuosa con el nombre de “Die Maüer”, “el muro” en alemán en honor a la caída de éste, inaugurándose en 1992 con el local completamente remozado. Era muy característico y peculiar en esta sala el aseo, ya que contaba con una zona mixta, donde se establecieron unas mesas de agua dejando los retretes por separado.

Una imagen de la entrada al local en la calle López de Hoyos.

Durante este periodo y en el trascurso de los años posteriores, fundamentalmente en 1994, se realizaron varios desalojos y clausuras del local por superar su aforo, cuando en su interior se encontraban cerca de 1500 personas siendo la capacidad de éste de 478. A mediados de 1994 la sala cierra por reforma, y es entonces cuando se realizan las obras de acondicionamiento del cine, y la apertura en la planta baja de la tienda restaurante Vip´s.

La sala de fiestas reabre a finales del año 94 con idéntica fisonomía pero habiendo modificado algunos detalles en prevención de siniestros, además de añadir unos aseos en la planta superior.


En 1995 se llamó Virtual Sound y después The Wall, continuando su trayectoria algunos años más hasta que las quejas de los vecinos por los continuos ruidos y trifulcas que ocasionaba acabó con la discoteca.


Dos aspectos de la entrada a la discoteca Virtual Sound en los años 90.



Dibujos de ambos lados de la pista de baile en el periodo que se llamó Virtual Sound.


Después de algunos meses cerrado se hace una radical reforma en la que se divide en dos plantas completamente independientes. Se convirtió en un restaurante de comida española del grupo Vip´s, “La Ñ” pero no funcionó, y poco después se trasformó en un nuevo restaurante, en este caso italiano, “Pizza Nostra” borrando para siempre cualquier rastro del Club Ciudad Lineal.

El inmueble a finales de los años 90 ya reconvertido en el restaurante “La Ñ”, “Vip´s” y los multicines Ciudad Lineal.
 

Lo que fue la entrada a la sala de fiestas hoy convertido en un restaurante italiano y la entrada a la tienda Vip´s antiguo acceso al cine Ciudad Lineal.

Vista aérea del inmueble en la actualidad donde se aprecia el amplio tejado de lo que fue el patio de butacas del Cine Ciudad Lineal.
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Autores: David Sánchez y Ricardo Márquez (parte Recuerdos).

En este blog también colabora: José Manuel Seseña.


Nota:
Este artículo se trata de una realización conjunta y se publica a la vez en Historias Matritenses, Historias Cinematográficas, Un paseo por la Ciudad Lineal y ¿Dónde están los cines de Madrid?.