jueves, 28 de junio de 2012

“Quatermain y la ciudad perdida del oro” I



Aterrizamos en Harare, Zimbabwe, un invierno de 1986, fuera de la temporada turística, que es cuando se trabaja mejor en los países “diferentes”. La producción era de Menahen Golan (Cannon Films) judío americano-israelí, con el ya habíamos trabajado en Berlín en una película llamada “The Apple”, allá por 1980.

No recuerdo quien nos llamó ni porqué, posiblemente sería el mismo Menahen quien lo hizo. Pero poco importa.

Y allí estábamos, C. Arthur y yo dispuestos a dejarnos la piel trabajando y a ser posible corriendo aventuras al mismo tiempo.

El equipo entero era de lo mas heterogéneo. Entre actores,  técnicos y demás componentes, juntábamos gentes de: Sur África,  U.S.A.,  U.K., Italia, Israel y del propio Zimbabwe; por ultimo y en una minoría aplastante, había dos españoles, Tony Tarruella, ayudante de dirección y servidora, ayudante en efectos de maquillaje y criaturas. Pero entre todos nosotros, había otra “nacionalidad o raza” los judíos, en su mayoría la gente de producción, o sea, los que pagaban.

Los blancos africanos pasaban de los negros, estos, de los blancos y los judíos nos miraban por encima del hombro (si les dejábamos) ¡A todos!

En Harare estuvimos dos o tres semanas rodando, las suficientes para ir tratándonos y ver cuanta gente necesitaríamos en nuestro departamento, según el trabajo se fuera complicando y extendiendo.

Colin enseguida estuvo como pez en el agua, conocía a varios de los surafricanos y  zimbanweses del equipo, pues había estado rodando “Amanecer Zulú” y alguna otra película en aquellas latitudes, y normalmente los técnicos suelen ser los mismos: Los mas espabilados, los que dan menos problemas, los que no se ponen enfermos y los mas aventureros.

Richard Chamberlain era Quatermain y la chica guapa de la película Sharon Stone, luego estaban otras dos chicas en segundos papeles y varios actores secundarios bastante importantes.

Sharon y Richard . Fuente: Metro Goldwyn Mayer

Entonces a Sharon Stone no creo que se la conociera mucho. Estaba casada con el productor ejecutivo Michael Greenburg y era una “cara guapa”. Tengo entendido que mas tarde la premiaron en los Razzie, al considerar que era la peor actriz del año por esta película. No creo que fuera para tanto. Aparte de todo, para mí fue encantadora, y aunque nunca tuvimos que hacerle nada especial de maquillaje (tenía su maquilladora propia), en cuanto nos encontrábamos algo libres, las dos teníamos muy buenas charlas. Yo creo que no le caían muy bien las otras dos actrices de la peli, y  prefería mas nuestras chácharas que juntarse con las otras locas. A mí tampoco me gustaban.

En cuanto nos trasladamos a Victoria Falls, la vida y el trabajo empezó a ser interesante. Allí,  rodamos el setenta por ciento de la película.

Cataratas Victoria

Colin y Marisa

La primera vez que vi las cataratas estaba anocheciendo. Bordeando la estatua del Dr. Livingston, que mira impasible desde sus ojos de bronce al infinito, unos pasos mas allá, te encuentras con una de las vistas mas impresionantes de “La humareda que ruge” (nombre nativo de las cataratas). Allí están, medio ocultas por el vapor del agua,  ruidosas hasta hacer imposible ningún tipo de dialogo, aunque nadie quiere hablar ante este gran espectáculo que te corta la respiración... Cayendo en varios saltos, a un tajo indescriptible, y a lo largo de mas de un kilómetro, con un caudal de agua que se calcula en medio millón de litros por segundo. Sin duda, las cataratas mas bellas e impactantes que conozco. Y detrás, el entorno salvaje, impenetrable, magnifico.

Solo a unos cuantos minutos de las vistas mas grandiosas de las cataratas, nos ubicaron a todos en dos hoteles que abrieron para nosotros, ya que los otros estaban cerrados por estar fuera de temporada, y nada mas llegar a nuestra habitación, tuve el primer encuentro no deseado con su anterior “huésped”.

Jardín del hotel. Al fondo las cataratas

Hotel Victoria Falls

Yo había terminado de colgar toda la ropa, en el armario, los zapatos en su sitio, todo en orden yyyyyyyyy...... allí estaba ella, negra, con rayas amarillas a lo largo de su peludo cuerpo, gorda, del tamaño de una centolla y mirándome fijamente con lo que a mí me pareció ¡un montón de ojos!.

Mi instinto me dijo “No grites, o se esconderá entre los vestidos”. Y le hice caso. Con mis ojos clavados en todos los suyos, empecé a andar para atrás hasta  tropezar con la cama. Aquí opté por subirme a ella, y sin volverle la espalda nunca, me arrastré hasta la cabecera, y me puse a golpear la pared. El director de producción, estaba en la habitación contigua, y a este blanco sur-africano le llamé histérica, diciéndole a gritos lo de la araña gigante.

Él se tomó su tiempo en venir, pensaba que yo estaría exagerando. Se quitó un zapato y... -¿Dónde está?. -preguntó.

Ya no estaba, había desaparecido. Entonces empecé a gritar sin poderme contener en absoluto. Vinieron de recepción dos negritos, y entre los tres la buscaron y la cazaron. Mientras, yo seguía gritando y gritando.

Parece ser, que el hecho de estar cerrado el hotel durante meses, daba pie a que los habitantes de la jungla se hubieran hospedado allí, y hasta que se les desalojó por completo, pasaron semanas, pero para entonces, los “guiris” ya casi nos habíamos acostumbrado a sus apariciones. Eso sí, nos advirtieron de que no calzáramos o vistiéramos, nada, que no se hubiera sacudido antes enérgicamente. Algo que no nos dijeron es que deberíamos tener cerradas las puertas que daban a cada terraza desde nuestra habitación, y pasó, que los monos vigilantes que entre los árboles cotilleaban nuestro ir y venir, entraron en mas de una y armaron un buen cirio. En la de Sharon Stone, cogieron cosas de maquillaje y estropearon todo lo que cayó en sus manos. Ellos habían observado como la maquillaban allí mismo y fascinados con tanto potingue, entraron cuando no había nadie, y ante el espejo se pusieron encima todo lo que les pareció.
                         
Salomón, Marisa y Epi. Fabricando lanzas con película de 35m/m.

Yo tuve un encuentro muy personal con “ellos”, los babuinos, un día  que me adentré en el bosque. Estaba trabajando en el campamento principal y se habían llevado todas las caravanas w.c. al rodaje, olvidando que algunos estábamos allí. Y ocurrió que tenía que regar las plantas. Una de las chicas de maquillaje (local) me dijo que fuera a un claro de la selva, que nunca lo hiciera escondida entre la maleza, por las serpientes y demás, luego me indicó el lugar. Llegué enseguida y aunque estaba un poquito nerviosa, me bajé el pantalón pues la cosa urgía, estando medio agachada (no del todo por si acaso), pasó algo corriendo por delante de mí, era del tamaño de un perro grande, no supe ni pude reaccionar, pero de cualquier modo, aquello siguió su camino sin mas hasta perderse entre los matorrales. Cuando ya estaba mas relajada, eché un vistazo alrededor, los árboles mas cercanos estaban a cinco o seis  metros, miro hacia arriba, montón de monos me observan  insistentemente, mientras se masturban a toda pastilla. Me entró un no se qué por todo el cuerpo, rápidamente me subí los pantalones, y salí huyendo despavorida del lugar antes de que a alguno se le ocurriera violarme.

Taller de campaña. Preparando varios trabajos de efectos especiales

Nuestro propio equipo también era multirracial, o multicultural, no se como definirlo. Teníamos varios técnicos blancos, mas los judíos, y luego los negros. De estos últimos, siempre nos dieron mas trabajadores de los que pedíamos  por una única razón: Los chicos de color no cualificados a los que se les enseñaba a hacer lo que fuere, sobre todo trabajos manuales, eran gentes con mentalidad de vivir al día, esto quiere decir, que en cuanto cobraban la primera semana de salario, podían no regresar hasta que se les terminara el dinero o quizás nunca. Y después de adiestrarles durante días, te quedabas sin ayudantes y con cara de ¿Cómo es posible que me hagan esto?

Con lo cual, y para minimizar estos problemas, contrataban el doble de los trabajadores negros que necesitábamos, de este modo, siempre teníamos repuesto.

Con los blancos, no había pegas, éramos los justos y trabajadores hasta la extenuación, como debe ser. Entre unos y otros, juntábamos unas quince personas,  nos llevábamos muy bien, pero lo cierto es que fue allí, donde conocí realmente lo que significa la palabra “apartheid”. Aunque no debo olvidar que también aprendí que esto no es que sea una exclusiva del blanco hacia el negro, ya que los de color, tampoco tenían ningún interés en confraternizar con nosotros y hacían sus corrillos y su vida sin incluirnos a los blancos. Yo intenté alternar con ellos fuera de las horas de trabajo, pero nunca lo conseguí, siempre me decían, que sí, que después de cenar  nos veríamos, pero nunca volvían, y al día siguiente, si les preguntaba, me sonreían y no contestaban. Nunca supe si es que no querían, o lo tenían prohibido, lo cierto es que se iban al campamento que les habían montado para comer y dormir y hasta el día siguiente.

Parte de nuestro equipo de maquillaje y efectos. Colin, arriba de todos, y nosotros los ayudantes, exhibiendo algunas de nuestras “criaturas”por debajo del “jefe”.

Marisa y medio muñeco  de látex

Jabalís salvajes (facoteros) buscando comida. Al fondo campamento donde comíamos

Sí, estábamos apartados los unos de los otros, comíamos diferente, bebíamos diferente, y también nos divertíamos de otra manera. Esto, con el tiempo, lo he comprendido mejor ¿Si a mi no me gusta su comida, por que a ellos les va a gustar la mía? Y... ¿Por qué les va a interesar, el trabajar como locos, venir cada día a hacer una monótona tarea, cuando la vida en aquellas latitudes es pausada y tan bella? Decididamente, cada “grupo” tenía su modo de ver y vivir la vida y tratar de mezclarla entre si, era tiempo perdido.

Luego, hubo algo que me marcó profundamente y ocurrió un domingo que no trabajábamos. En nuestro departamento de criaturas había un matrimonio blanco de Sur Africa, estos tenían una niña de unos siete años y aquel día, fuimos los cinco a comer a algún lugar de las afueras de Victoria Falls. Mientras nos preparaban la comida, la chiquilla se fue a jugar a unos columpios, al poco, una niña negra, bastante mas pequeña, se acercó al mismo sitio, estaban las dos solas y se pusieron a jugar.

Enseguida los padres blancos, empezaron a ponerse tensos, la conversación entre nosotros se cortó y llenos de nerviosismo llamaron a su hija, esta no les hizo caso y siguió con sus juegos. Tres mesas mas allá, unos padres negros, también nerviosos, llamaron a la pequeña, que tampoco les hizo caso. El nerviosismo iba en aumento, ya nadie hablaba, y de pronto, como si una manada de leones estuviera acechando a las niñas, los dos padres, se abalanzaron sobre cada una de ellas y las rescataron de un peligro invisible e incomprensible para mí. Justo unos minutos antes, yo había tomado una foto de las dos crías cogidas de la mano y por entonces tan ajenas a la estupidez humana.

Niñas jugando

Estas y otras cosas parecidas, me ponían de los nervios, tales como los diferentes campamentos donde comíamos, tres en total: Uno para los negros en general, otro para los blancos de figuración y otro para los blancos: técnicos, producción y actores. Alguien como James Earl Jones, actor negro norte-americano, también estaba en el grupo de “los elegidos”.

Colin y James E. Jones

James Earl Jones. Fuente: Metro Goldwyn Mayer 

Cada comedor con bebidas y comida de diferente categoría. Curiosamente los de primera, teníamos todas las coca-colas que quisiéramos beber en cualquier momento, el resto no. Por ello, diariamente, varios de nosotros pillábamos todas las latas que podíamos para dárselas a los “otros”, que lo apreciaban un montón. Todo esto no me gustaba ni lo entendía, pero yo no estaba allí para juzgar a nadie, y sí para trabajar.

Una de las unidades que creamos fue un mini equipo haciendo parches de pelo.

Nuestras chicas morenas haciendo los parches de pelo para los guerreros “mountain man”

Colin y los “mountain man”

 Enseñamos a varias chicas de color a pegarlo en trozos de medias que cortábamos en tiras de veinte centímetros por seis o siete. Hubo que hacer muchos de estos parches que mas tarde se colocaron en las piernas y  brazos de la figuración de los guerreros negros, los que hacían de malos en la película. Lo de la pelambrera era para darles apariencia de mas fiereza y virilidad ya que estas gentes no tienen vello, y se suponía que esto era parte de la vestimenta de guerra. También hubo que maquillarles de arriba abajo con pinturas y dibujos extraños que cada uno de nosotros nos inventamos sobre la marcha. Los días que se rodaba con ellos eran interminables, y acabamos (las chicas de maquillaje) hasta el gorro, de toquetear a tanto tío desarrapado y la mayoría con enfermedades de la piel. Todas usábamos guantes de látex para este trabajo y aguantábamos como podíamos las miraditas, risitas etc, de aquellos tíos semidesnudos.

Pintando a los guerreros


En nuestro departamento teníamos bastante trabajo. Esqueletos, muertos, criaturas raras y a veces hasta les resolvíamos la papeleta a los de vestuario. Esto especialmente me puso de los nervios, pues se les antojó que hiciéramos una especie de corsé para Cassandra Peterson (una de las dos que me caía mal). El susodicho corsé, se hizo en fibra de vidrio, y se pintó en dorado y la chica estaba tan contenta, pues le ponía las tetas muy arriba y estupendas. Para ello hubo que hacerle un molde de medio cuerpo con la pasta que usan los dentistas para sacar impresiones (alginate) y para hacer esto, Cassandra estaba desnuda, cosa que no le importaba en absoluto (a mí sí) y quien hizo “la impresión” fue Colin, mi marido. 

Casandra Peterson , luce orgullosa "su corsé” dorado de fibra de vidrio. Fuente: Metro Goldwyn Mayer 

Casandra Peterson

Y claro, me siguió cayendo gorda...y como ella coqueteaba con todo el que se ponía a tiro, yo pasé a ignorarla por completo.

Pero esto y otras cosas, son parte de:
¡La historia siguiente!
-.-.-

Autora: María Luisa Pino


En este artículo han colaborado: Angel Caldito, José Manuel Seseña y Ricardo Márquez.

Curiosidades:
Gracias al relativo éxito de "Las minas del rey Salomón, 1985" hizo que la productora Cannon rodara una secuela "Quatermain y la ciudad perdida de oro". En esta segunda entrega repite la pareja protagonista, Richard Chamberlain y Sharon Stone, antes de ser mundialmente conocida por "Instinto básico".

El actor protagonista Richard Chamberlain, se hizo famoso por la miniserie de televisión ambientada en Australia y centrada en la tortuosa vida de un sacerdote con el corazón dividido entre el amor a Dios y al sacerdocio y el amor pasional por una mujer.

miércoles, 6 de junio de 2012

Cinearte, los estudios de cine más antiguos de España que permanecen en activo

Los antiguos estudios Cinearte se encuentran en la Plaza del Conde de Barajas número 5, situada en pleno barrio de los Austrias, la zona más antigua de Madrid, próxima a la plaza Mayor y a la plaza del Conde de Miranda.


Localización de los antiguos Estudios Cinearte en la Plaza del Conde de Barajas, 5

Sus comienzos con el nombre de Estudios Linnartz, posteriormente como Estudios Iberofilm, datan de enero de 1933. Sus impulsores fueron el ingeniero de origen alemán Luis Linnartz  Volz  y Fernando Méndez-Leite que alquilaron un local -antigua ebanistería-, dotándola de material y equipación para los rodajes. Fueron los primeros estudios sonoros abiertos en Madrid. Tras sucesivos cambios de titularidad y nombres, en 1934 se establecerá definitivamente como Cinearte.

Antiguo Taller de ebanistería Lissárraga (1908-1909)


De la primera foto a la otra solo han pasado 75 años

Recorte de la revista Crónica (Madrid) del 21-03-1937, donde se puede ver un rodaje delante de los estudios Cinearte (Hemeroteca Biblioteca Nacional)

Fotograma de la película “Día tras día, 1951” de Antonio del Amo, con Mario Berriatúa y Manolo Zarzo, rodada en los estudios. Por la ventana, se pueden ver los edificios de la Plaza del Conde de Barajas.

Características técnicas del antiguo estudio:
Disponía de unos almacenes para el material cinematográfico y talleres de carpintería, escayola, pintura y electricidad. Contaba con un solo plató de rodaje con todos los servicios e instalaciones necesarias, dos salas de proyección y doblaje, salas de maquillaje, montaje y camerinos para primeras figuras y cuartos para los “extras”.

Plató principal y único de los pequeños estudios Cinearte. Rodaje de la película “Niñas…al salón” de Vicente Escrivá, 1977. (Foto de Cuadernos de la Academia-Los estudios cinematográficos españoles)

Los estudios también se dedicaron durante muchos años al doblaje y grabación musical. Actualmente, con el nuevo nombre de Estudio Uno, está dedicado a servicios de audio y video, abarcando cine, música y publicidad. Ver: estudiouno.info
-.-.-

Autor: Ángel Caldito.

El autor agradece la colaboración de todos los informantes.

En este artículo han colaborado: Ricardo Márquez  y José Manuel Seseña.
     

Fuentes:
-Madrid modernista: guía de arquitectura, escrito por Ricardo Muñoz Fajardo
-Catálogo del cine español, Films de ficción 1931-1940
-Cuadernos de la Academia, Los estudios cinematográficos españoles
-Hemeroteca Biblioteca Nacional
-Cartografía del Ayuntamiento de M