sábado, 19 de enero de 2013

El cine Brocense


Colaboración con Francisco Rivero, Cronista Oficial de Brozas (Cáceres) para la revista cultural Aldehuela.                        

El cine Brocense

Oficialmente era el Cine Brocense, pero todos los chiquillos lo conocíamos como el cine de Porro, por el apodo que llevaba su dueño, el señor Antonio Sánchez, dueño de una fonda en la Plaza Nueva (por cierto muy buen amigo de mi padre, José Rivero Leno). Don Antonio también era propietario de una enorme superficie de terreno en la acera de frente donde vivían sus hijos Eugenia y Vicente; detrás de esas viviendas se hallaba el cine.

Me cuenta Pilar Sánchez,  hija pequeña de don Antonio que el primer operador que tuvieron fue Antonio Lopo, que hacia funcionar una vieja máquina reproductora comprada de segunda mano en Navalmoral de la Mata, después de que dejara de funcionar allí un cine. Esta máquina trabajaba con carboncillos que se encendían y producían una luz muy fuerte con la que se podía ver la película. La segunda máquina, más moderna, se la compraron a José Luis Panadero, de Cáceres. También sabían manejar la máquina sus hermanos Vicente y Modesto tras realizar el pertinente cursillo en Industria.

Había una taquillera, Emilia Carrero, una prima del Teniente de la Guardia Civil, José Carrero, casado con Eugenia Sánchez Garlito, la hija mayor de don Antonio Sánchez. Emilia se vino de taquillera a Brozas,  y luego su familia puso un cine en Piedras Albas y ella se hizo cargo de aquel cine. Después vino Tano, el padre de Miranda el zapatero; una tercera persona de Brozas y por fin Miguel Rey, un malagueño  -de Vélez Málaga- que vendía cerámica y otros objetos por una cuota semanal. Con el tiempo puso una tienda de electrodomésticos al final de la calla de Santa María; Su hermano Manolo aún vive entre nosotros. Los carteleros eran Meño Retamera y los hijos de Ezequiela, que las colocaban en las Cuatro Esquinas.  En cierta ocasión, al ser una película de mucho éxito, se llegó a anunciar en el suelo de las calles principales del pueblo.

Los contratos de las películas se hacían directamente con el distribuidor: Paramount Picture, Suevia Films, Cesáreo González. Los contratos se hacían a medias con los Cachucha, los del Cine López, para conseguir que las películas salieran más baratas. Había que adquirir un lote grande en la que entraba un filme de gran éxito que se reservaba para los días grandes de ferias o de toros.  Pilar recuerda películas como la del oeste “Marcado al fuego”, con Alan Ladd y dirigida por Rudolph Maté; “Raíces profundas”, también con Alan Ladd  y “Derecho de nacer” (1951), entre otras.

Quizá la película de mayor éxito fue “El Zorro” que se tuvo que programar 5 ó 6 veces, pues el público no dejaba de acudir a ella, y otra mejicana cuyo título no recuerda.

Una anécdota de la conocida casa cinematográfica y la Paramount Pictures relacionada con Brozas. Cuando se casó la hija de la diseñadora venezolana Corolina Herrera, residente en Nueva York con el torero “El Litri”, en la cercana finca de Aliseda, la mamá de la novia contrató el hotel “Convento de la Luz” para sus invitados, siendo uno de ellos el entonces presidente de la compañía estadounidense productora y distribuidora de cine, con sede en Hollywood.

Los rollos de las películas llegaban en unos saco que traía a Brozas un señor de Arroyo, apellidado Holgado Con el tiempo, fue el servicio público de correos el que hacía la distribución. Había que proyectar la película y después rebobinarla, para que estuviera lista cuando llegara al cine en otro pueblo.


El cine de Porro conserva aun la taquilla, ya cegada, en la fachada de su hijo Vicente. La entrada estaba en la misma acera un poco más arriba. Para entrar al cine de verano había que recorrer unos cuantos metros y así aposentarse en las sillas plegables o en el gallinero que eran unas escalinatas pegadas sobre la pared del fondo. A veces cuando uno no tenía dinero se iba a unos huertos que estaban detrás y desde lejos, en el silencio de la noche uno podía ir al cine… sin pagar, como lo hacían algunos señores que se juntaban con el señor Antonio Sánchez Porro, para que el dueño les invitara a ver la película de turno

Los recuerdos de su nieta Mercedes Carrero Sánchez

Una de las nietas de don Antonio Sánchez, Mercedes Carrero Sánchez, me cuenta que contratar la lista para conseguir la cabecera de cartel había que hacerse con  una larga lista de películas. Muchos filmes caros funcionaban muy mal. Recuerda títulos como “Camelot”, con Richard Harris y Vanessa Redgrave, o “Un pez con gafas”, de las primeras pelis en las que se combinaban dibujos animados. Por el contrario,  estaban las pelis de Pelimex, o sea las mejicanadas, con los mariachis cantando para arriba y para abajo y  arrasaban. También tenían mucho éxito las de toros, las folklóricas y las del oeste, entre otras.

Lo que sí se puede decir que por el Cine “Brocense” pasaron todas las películas de la época, desde “Ciudadano Kane” y “Casablanca”, al neorrealismo italiano o las superproducciones de Hollywood, incluso las nacionales, como las de Joselito.

Todos los años había una película para las obras de la iglesia de los Mártires. Unas veces era Marianela; otras, el niño de las monjas, había también de toros – que eran las más gustaban a los parroquianos, entre ellas “El Litri y su sombra”. A mí me parecían más aburridas que una lechuga, cuenta Mercedes Carrero

En cuanto a los carteleros recuerda que había un tal Porrina, -Eugenio o algo así- que es más de mi generación, y algún Lobato de la época. También estaba, el señor Tomás el "Manquino", que trabajaba en el Juzgado, y que realizaba labores de portero o de taquillero; sus hijos eran también carteleros.

Recuerda a su padre dibujando la cartelería, pues tenía mucha destreza artística y además escribía sin faltas de ortografía, luego lo hacía su hermana Marisa que heredó la maestría.

“Por lo que respecta a los que no pagaban -rememora Mercedes- era la mayoría, entre los cuarteleros y cuarteleras, que tenían entrada franca, la familia y la familia de la familia, los que se colaban por mi casa porque eran amistades nuestras, aquello era Jauja... en fin que gracias a los cines de Brozas, nos criamos un poco más felices, un poco más libres y adquirimos un poco más de sabiduría”.


Autores: Francisco Rivero y Ángel Caldito